Pablo Salvay: «El rock nunca muere”

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En el universo del rock de San Francisco, hay un nombre que resuena con fuerza: Pablo Esteban Salvay. Músico de trayectoria, guitarrista y compositor, Salvay es una figura clave en la escena local desde los años 80, sobre todo en el estilo del metal rock.

Con una historia marcada por la pasión y la convicción de que la música debe ser una expresión auténtica, nos cuenta su camino en el rock y sus proyectos actuales.

El primer flechazo con la música

Salvay relata su primer contacto con el rock casi como una experiencia mística. «De pibe, cuando iba a la escuela, pasaba por una casa de barrio donde había un flaco con el pelo largo, una moto chopper y sonaba rock. No tenía idea de qué era, pero me llamaba poderosamente la atención», recuerda. Aquella imagen, sumada a propagandas de guitarras eléctricas que encontraba en diarios viejos, despertó en él una fascinación que nunca lo abandonaría. «Me preguntaba cómo sonaría una de esas guitarras», dice. Con el tiempo, esa curiosidad lo llevó a agarrar una guitarra y empezar a experimentar con acordes y sonidos, lo que marcó el inicio de su carrera musical.

Bandas, escenarios y la música como estilo de vida

A lo largo de los años, Salvay fue parte de varias bandas locales, entre ellas Neurosis, que más tarde se transformaría en Moby Dick, y Niebla Púrpura, grupo  fundado en 1992. Siempre tuvo una fuerte convicción de que las bandas deben hacer música propia, a pesar de que los covers pueden ser necesarios para llegar a más gente. «Siempre apunté a tocar temas propios. En algunos momentos había que meter covers porque era lo que te pedían, pero nunca me gustó depender de eso», explica.

Salvay recuerda con gran detalle el momento en que vio por primera vez a Vox Dei, un show que lo marcó profundamente. «La primera vez que vi a Vox Dei en vivo era el año 80. Tenía 12 años. Lo vi afuera, en la puerta de Bomberos, a las 5 de la mañana, con un frío brutal. Estaba con otro chico de mi edad, y no nos dejaban pasar porque éramos menores. Y fue lo primero que vi de rock profesional, que sonaba en serio y tenía una actitud brutal. Los vi y dije: ‘Esto es adonde hay que ir, y no se puede ni siquiera pensar en otra cosa’, cuenta con emoción.

El segundo gran impacto en su vida fue cuando presenció a Riff en 1983. «Lo tenía a Pappo a tres metros. Fue brutal, brutal, brutal. Mucha gente piensa que Pappo solo tocaba blues. Tocaba blues de una manera impresionante, como lo hacía Gary Moore, tocaba metal, tocaba tapping de Van Halen. Fue una locura. Dije: ‘No, chau, de acá no se sale más, este es el único camino a seguir, no hay otro, esto lo tiene todo’».

Su sonido estuvo influenciado por leyendas como Led Zeppelin, Deep Purple y Black Sabbath, aunque el recorrido musical de Salvay se nutrió también de la improvisación. «En los 80, la zapada era una escuela tremenda. Aprendías mucho tocando con otros, tirándote al agua sin red», cuenta. En este camino, compartió escenarios con grandes músicos y recuerda con especial admiración a Luis Gudiño: «Un baterista de otro planeta, un referente absoluto». 

El presente: Templo del Rey y el regreso de Moby Dick

Hoy, Salvay sigue activo con Templo del Rey y con Moby Dick, que en 2019 volvió a la escena. Su objetivo es claro: «Seguir componiendo, grabando y tocando en vivo”.

Para los músicos jóvenes que buscan hacerse un lugar en la música, Pablo propone dos ideas: «Crean en su arte, compongan sus propias canciones y no se encasillen en un solo estilo. Mientras más diversidad musical exploren, mejor».

Sobre la recurrente discusión acerca de la supuesta «muerte del rock», Salvay es tajante: «El rock no está muerto. No es el negocio principal de la industria como lo fue en otras épocas, pero sigue ahí».

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