Provinciales

Piedras, emboscadas y la debacle social

Despejada madrugada la de aquel domingo de diciembre cuando el matrimonio emprendió la vuelta a casa, desde Villa Carlos Paz. Cuando faltaban pocos kilómetros para llegar a la Capital cordobesa, unas sombras escondidas a la vera de la autopista lanzaron la pedrada. Ya lo habían estado haciendo toda aquella maldita madrugada. Sin embargo, aquella pedrada y su parábola iban a cambiar las cosas para siempre.

El cascotazo destrozó el parabrisas, reventó la cabeza de Mercedes Piñeiro (54), quien iba del lado del acompañante, y salió por la luneta trasera. Pese al volantazo, su esposo nada pudo hacer para evitar aquella dramática emboscada. El R-19 terminó en la banquina y Mercedes murió.

15 y 17 años tenían los jóvenes que, aquel 9 de diciembre de 2001, mataron a Mercedes.

Si algo característico poseen las tragedias que ocurren en estas tierras es que jamás aprendemos nada de ellas. Nada.

A poco de arrancar este 2017, una cruel emboscada callejera en Córdoba se cobró la vida de una policía que, también de madrugada, volvía a su casa en moto. A Gabriela Michael le destrozaron la cabeza con un parante de madera, en la oscuridad del Tropezón. Cuando cayó muerta, le robaron la moto y la pistola.

Cinco jóvenes, dos mayores de edad y tres menores, permanecen detenidos por aquel crimen. Quien arrojó el palo de madera está por cumplir 17.

Casi 16 años pasaron entre aquel ataque en la autopista a Carlos Paz y la brutal emboscada contra la policía, y no aprendimos nada. Nada.

Como si nada fuera suficiente, hace un puñado de días, una mujer perdió un ojo en Córdoba luego de que una pedrada reventara el parabrisas del colectivo donde viajaba. Sucedió también de madrugada en la variante Juárez Celman, una traza que no deja de ser la vergüenza de la inoperancia policial y judicial.

Es que el ataque estaba cantado. Desde hacía varios días, las emboscadas venían repitiéndose, sin freno, contra distintos vehículos en ese maldito sitio.

Muchos lo sabían y nadie lo evitó. De hecho, pocas horas antes de que Rosalía Paz perdiera su ojo, un camionero volvió a nacer luego de tumbar con su rodado con acoplado por culpa de un demencial cascotazo.

Piedras, baldosas, ladrillos siguen volando en noches y madrugadas de furia, como parte de emboscadas que se repiten en forma permanente en distintos puntos de Córdoba Capital. La artera y criminal metodología es simple: unos simios lanzan el proyectil; otros primates atacan cuando uno frena.

Una de las piedras tiradas a menudo en la variante Juárez Celman.

Una de las piedras tiradas a menudo en la variante Juárez Celman.

“No frenés, seguí y pedí ayuda”, es el consejo policial.

La semana pasada, otro camionero fue atacado (otra vez) en Circunvalación cuando salía hacia Rosario, mientras que una pareja sobrevivió a un ataque contra su auto (otra vez) en la Costanera, cerca del puente Zípoli. La misma Costanera que tiene un tramo cerrado y un retén policial frente a barrio Müller, ya que no se puede garantizar la seguridad de los automovilistas. La misma Costanera donde, no hace mucho, el tramo Villa Urquiza era cerrado al tránsito entre la medianoche y el amanecer.

Los ataques, cobardes y bestiales por donde se los mire, hallan amparo allí en el silencio de quienes deben alertar y prevenir; y en la inoperancia de quienes deben investigar y esclarecer.

Así de simple: por un lado, una Policía que no alerta sobre emboscadas a la ciudadanía; por el otro, una Justicia que, si recibe las denuncias de las víctimas, las acumula en polvorientos estantes y recién actúa si el caso termina mal y la prensa husmea.

¿Y el Estado? La respuesta, cuando los casos tuvieron eclosión en los medios, siempre pasó por poner un patrullero por un par de días (con balizas encendidas, llegado el caso) o alambrar un puente. No mucho más.

No menos grave es que las empresas de peaje se hagan las desentendidas cuando las pedradas vuelan en las rutas que administran y, mientras mandan cuadrillas a barrer los cascotes y dejarlos en la banquina, sostienen que la responsabilidad “es de la Policía”. Una excusa tan insensata y burda, como falsa.

Casi 16 años pasaron desde aquella pedrada que mató a Mercedes cuando volvía de Villa Carlos Paz. Casi 16 años que muestran la debacle en la que venimos cayendo como sociedad y sin una red abajo.

La Voz del Interior

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