Por cada comercio que cierra en Córdoba, abre uno en el sistema informal

Por cada comercio que cierra en Córdoba, abre uno en el sistema informal

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Por cada comercio que cierra en Córdoba automáticamente se produce la apertura de otro, pero enmarcado dentro del sistema informal. Se trata en su mayoría de negocios no registrados, ubicados en barrios periféricos, algunos de los cuales por diferentes motivos no llegan a mantenerse abiertos más allá de seis meses, tras lo cual deciden bajar sus persianas, a veces sin haber podido recuperar el capital inicial. Este fenómeno tiene su origen en la fuerte crisis económica y se profundizó recientemente, según graficaron Vanesa Ruiz, gerente comercial del Centro de Almaceneros, Autoservicios y Comerciantes Minoristas de Córdoba, y Cristian Pastore, presidente de la Cámara de Comercio de Córdoba.

Ruiz, precisó que de los 3.600 asociados al Centro de Almaceneros de Córdoba, aproximadamente 60 cerraron sus persianas en los últimos dos años. “Lo que observamos es que se cierran negocios de mucha trayectoria, pero al mismo tiempo se abren otros nuevos a cargo de quienes sufrieron la pérdida de su trabajo o la disminución de sus ingresos. Esas familias deciden muchas veces abrir un comercio en sus propios hogares”.

“Los cierres se producen por distintos motivos: una retracción importante en el consumo que venimos arrastrando hace más de dos años, y el incremento en los servicios y los alquileres. Esto obliga a bajar las persianas con las consecuencias de pérdida de puestos laborales. Pero también ocurre que por la cantidad de comercios que cierran, automáticamente se producen otras aperturas que entran dentro de la informalidad”, agregó Ruiz.

Cristian Pastore coincidió en este aspecto: “Hay gente que negocia un retiro voluntario en alguna empresa, e inmediatamente con ese dinero coloca un almacén, una despensa o una casa de ropa en el garaje de su casa. Lo vemos mucho en los últimos relevamientos en los comercios barriales, se incrementó la cantidad de ese tipo de negocios-garaje que se manejan en un circuito informal, no tributan y colocan precios más baratos que los comercios que sí lo hacen. Estos casos engrosan el comercio informal en Córdoba porque tanto los gobiernos municipales como el provincial se ven afectados cuando dejan de percibir el tributo. Creemos que lo que está fallando en este aspecto son los controles”.

Rubros elegidos
“En su mayoría, estos locales barriales eligen como rubro la venta de artículos de limpieza sueltos o fraccionados, kioscos o maxikioscos”, dijo Ruiz. “Esto es así porque requieren un capital inicial más bien bajo. En el caso de un kiosco, a veces con un freezer, una balanza y muy poca mercadería inicial ya dan inicio al comercio con el objetivo de que se convierta en una fuente laboral, en un ingreso para la familia. Otro de los rubros son verdulerías y venta de indumentarias”, apuntó Pastore.

Más allá de la informalidad se da otra característica en este tipo de comercios: “La mortalidad de comercios jóvenes es cada vez mayor. Los que sobreviven son aquellos que hacen una previsión, y que calculan algunas variables”, explica.

Desde el Sistema de Información para el Fortalecimiento de la Actividad Comercial y de Servicios” (SIFCoS), que depende de la Secretaría de Comercio de la Provincia, señalaron que hasta mayo de 2017 unos 94 mil comercios de mediana envergadura desarrollaban su actividad en la Provincia de manera formal.

Sin embargo, estiman que esa cifra llegaría a 110 mil comercios si se contempla además a aquellos que no están registrados. Asimismo, confirman que muchos emprendimientos comerciales en el sistema informal cuyos responsables no cuentan con formación o capacitación previa, suelen tener una expectativa de vida promedio de seis meses.

“Mucha gente piensa que poner un comercio es ir y comprar ropa en Once, traerla, ponerla en dos percheros y venderla. Pero la actividad comercial necesita una capacitación detrás, entender la dinámica, la estructura de costos y los gastos que se tienen”, especificó Pastore.

“Lamentablemente al no tener la capacitación y no manejar bien el tema de costos y de compras, esos nuevos negocios cierran sus puertas a los pocos meses y terminan sacrificando ese capital inicial que arriesgaron para abrir”, apuntó Ruiz.

La experiencia de Gabriela 
“Abrimos el negocio el 20 de febrero pasado en mi casa porque nos cobraban mucho para alquilar un local en la zona y sabíamos que se nos haría imposible pagar. En principio iba a ser sólo forrajearía y artículos de limpieza, pero después decidimos poner kiosco y fiambrería para brindar un mejor servicio a la gente”, explicó Gabriela, que instaló en el garaje un almacén y kiosco en un barrio residencial del Gran Córdoba.

“No teníamos experiencia en este rubro. Todos aprendimos con la práctica. Es un negocio familiar. Lo abrimos porque nos pareció una opción para vivir más tranquilos sin tener que salir del hogar a trabajar de sol a sol todos los días. También primaron cuestiones de salud en esa decisión”, relató la mujer a LA NUEVA MAÑANA.

La comerciante precisó que, como ella, “varios conocidos hicieron lo mismo y aprovechando el espacio de su garaje pusieron una ferretería, por ejemplo”. Sostuvo además que no es fácil cumplir con las obligaciones impositivas y los servicios que conlleva un comercio pero aclaró: “Nuestra ventaja es que el local es propio y sólo hay que considerar los impuestos y la luz, que cada vez viene más alta”.

La Nueva Mañana