Reclamo de vecino damnificado por derrumbe de medianera en La Casa de Córdoba

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El pasado 9 de diciembre en horas de la noche un paredón emplazado en el costado sur de la sede del Gobierno de Córdoba en nuestra ciudad se desplomó sobre inmuebles vecinos, afortunadamente no hubo personas heridas.

A más de un mes del siniestro el propietario del local más afectado, Antonio Di Monte un reconocido empresario de nuestra ciudad, hizo público su malestar por la falta de respuesta del Gobierno Provincial en el reclamo por los daños ocasionados.

Esta es la descriptiva nota que posteó en sus redes sociales:

» ¡Que nunca te pase!

Que el Gobierno de la Pcia. de Córdoba nunca te cause un daño serio.

Porque algunos de sus funcionarios, los que tendrían que intervenir no aparecen ni actúan con seriedad.

Entre un inservible, un inoperante y un corrupto no sabría distinguir cuál es el peor, pero aclaro para no ofender a los buenos y honestos funcionarios, que ellos sobresalen del montón y se notan.

Tener de lindero a un edificio de cinco pisos con un muro de revestimiento medianero construido de una manera insólita y tremendamente mal, es como tener una gran bomba de tiempo con la espoleta activada pegada a la pared.

Al responsable del revestimiento de esa torre de servicios de 12 m. de largo por 5 m. de ancho y 30 m. de altura, que hizo apilar en sus cuatro lados unos 50.000 ladrillos comunes asentándolos solo con mezcla, sin trabas ni encadenados y sin ponerle un mísero hierro de anclaje con el muro estructura, habría que buscarlo y hacerle ver el resultado de lo que hizo para que pida perdón de rodillas, como mínimo.

Increíble fue, que no se les cayera cuando lo construían y que haya durado más de 40 años, fue un milagro hasta que, un gran panal de abejas en continuo crecimiento de unos 3 m por 2m por 15 cm de espesor sumado a la gran diferencia de temperaturas de esos días, hizo que colapsara y cayera estrepitosamente.

Un mes atrás, precisamente la noche del 9 de diciembre en medio del apagón general de la ciudad, en un abrir y cerrar de ojos, desde 30 metros de altura se desprendieron y cayeron cien metros cuadrados de pared de ladrillos comunes, equivalente a 25.000 kg. Es decir 25 toneladas sobre los techos del inmueble que alquilo, arrasando a su paso todo lo que había. En ese inmueble, propiedad de mi hermano, convivimos tres inquilinos en 4 locales distintos, en dos de ellos funciona el comedor Gulas que estaba en plena actividad cuando ocurrió el derrumbe, el que destruyó a su paso los techos de varios salones donde se almacenaban, preparaban y cocinaban los menús, terminando de aplastar todo lo que había debajo: freezer, heladeras, amasadoras, mesas, cocinas, utensilos, etc.

Debido al apagón causado por la tormenta, la mamá del dueño y una empleada debieron salir obligadas de la cocina para pasar al salón comedor con luz de emergencias permitiendo esa acción salvar ambas vidas solo por segundos.

El otro local del frente, alquilado por mi sobrina Natalia donde tiene montado un gimnasio infantil con telas colgantes y otros equipamientos siempre llenos de niños, por fortuna esa noche estaba vacío y vacío quedará vaya a saber por cuanto tiempo dado que le clausuraron el ingreso con vallas.

Mi empresa de emergencias médicas, Cruz Ver SRL, que alquila un gran galpón, el que ocupa el corazón de manzana, posee un taller de mantenimiento para la flota de vehículos propios, un deposito general y un espacio grande para guardar los móviles fue el que más daños materiales sufrió.

Nuestro mecánico, que solía trabajar justamente en el sector donde más toneladas de ladrillos cayeron, por fortuna sigue vivo gracias al horario del siniestro, pero el monto de los daños sobre tres vehículos de suma utilidad completamente destruidos, más un centenar de herramientas, maquinarias e insumos fueron cuantiosos, a tal punto que superan los 16 millones de pesos.

Ya sea por el horario nocturno, ya sea por el apagón, por la diosa fortuna, por la gracia de Dios o por lo que sea, no tenemos que lamentar víctimas.

Otra, seria esta historia si hubiera sido en horario laboral.

Lo cierto y contundente es que los daños materiales totales superan los 35 millones de pesos, mientras que los lucros cesantes son imposibles de calcular ya que no se sabe cuánto tiempo durará la restauración del inmueble y la reposición de las cosas porque hasta el día de hoy no tenemos una sola respuesta oficial sobre quien se va a hacer cargo de tremenda locura.

El Director del edificio, Sr Jorge Borgognoni, quien se comunicó inmediatamente con sus directivos superiores, en un principio nos prometió que iba a gestionar urgentemente los fondos para comenzar a indemnizar y trató de que nos quedáramos tranquilos y callados para no “levantar a la liebre” total no hubo víctimas y plata para arreglar todo lo destruido y los lucros cesantes habría.

Resulta que hasta el día de hoy “el poncho no aparece”, pues ninguno de los damnificados recibimos un mínimo papel escrito, oficial ni “higiénico”, ni una miserable visita de un funcionario de rango, ni de un perito o de un tasador, ni una escueta orden escrita de no ingresar, mientras tanto, el Gobierno Provincial comandado por el Cr. Juan Schiaretti sigue demoliendo y tirando enormes bloques de pared desde semejante altura arrasando con todo a su paso y hasta perforando techos sanos.

La impotencia e indignación nos llegó a su máximo exponente, ya sea por el destrato, por el pasarse la pelota de uno con el otro, por no tener aún un miserable número de expediente, por no tener donde agarrarnos, por tener el dueño del restaurante que poner en venta su auto particular para poder pagar los sueldos, las cargas sociales, a los proveedores, la luz, el gas, los impuestos, etc. porque para él, diciembre era el mes que más se trabaja y sirve para saldar deudas anteriores,

Indignación por las palabras de Borgognoni cuando nos insinúa o asesora como iniciarle un juicio a la Provincia, expresiones tremendamente opuestas a las expresadas en las notas periodísticas donde alegremente decía que la provincia se haría responsable y pagaría de inmediato – hoy parce una broma macabra pero casi nos pide un CBU para depositarnos el monto de los daños – porque tenía la palabra de no sé qué ministro o ministerio de que así lo harían.

Impotencia porque iniciar un juicio millonario – que seguramente perderán por las elocuencia y contundencias de las pruebas – pero que duraría lustros o décadas hasta llegar una sentencia que obligará a pagarnos a valores históricos más una tasa irrisoria de actualización, con la inflación que tenemos, en nuestro caso no llegaríamos a recuperar ni los neumáticos de los vehículos destruidos.

El motivo de estar escribiendo a mis amigos y vecinos sobre esta triste vivencia es para que sepan cómo algunos funcionarios del Gobierno de la Provincia de Córdoba tratan a sus contribuyentes cuando el que tiene que pagar es Estado Provincial.

Lo último del Sr. Borgognoni, fue decirnos –como todo hasta ahora, siempre verbal- que de acuerdo a lo que le transmitieron que no va a haber plata, que nadie va a venir, que si quisiéramos detener la demolición que lo hagamos, que nadie va hacerse cargo de que no nos acerquemos, que si lo hacemos es nuestra responsabilidad y que algún funcionario superior expresó que nos pongamos un paragua o sombrilla por si se nos cae un bloque de ladrillos en la cabeza.

Finalizó diciéndonos que comencemos cuanto antes a hacerle un juicio a la Pcia. porque para él, el dialogo ya está cortado.

Pero miren Uds. que locura porque a pesar de nos quedamos literalmente sin taller de mantenimiento con las complicaciones que ello acarrea y sin tres vehículos, tanto yo como mi hermano que tenemos alguna solvencia porque trabajamos desde que nacimos y fuimos creando y generando puestos de trabajo en empresas que aún funcionan, podemos aguantar, pero el pobre dueño del restaurante “Gulas” que lleva un mes sin trabajar, que vive prácticamente al día como muchos argentinos de bien y no tiene miras de recuperar nada ni de poder trabajar, con la actitud de estos funcionarios se va directamente a la bancarrota, de la misma manera que mi sobrina Natalia si no pueda abrir su instituto de gimnasia.

¡Que locura!!!

¿A la final, que pedimos?

Solo pedimos que algún funcionario con poder de decisión se apersone, vea con sus ojos la situación, converse con nosotros – no le vamos a comer el hígado – lleguemos a un compromiso de solución por escrito ante escribano y luego entre todos buscaremos llegar a la normalidad.

No queremos juicio. ¡Queremos que se hagan cargo!

Adjunto algunas fotos del medio Radio Estación porque tienen buena definición, para que tomen nota de lo que ha pasado.

Gracias por escucharme.

Antonio Di Monte»

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