En una noche cargada de emociones y con un estadio que ardía, San Isidro venció a Racing de Chivilcoy por 76 a 72 y mantiene intacta la ilusión de llegar a la élite del básquet argentino. Los Halcones Rojos lograron revertir un flojo arranque para quedarse con un triunfo vital que les permite llegar con vida al último partido de la serie.
El comienzo fue complicado para los dirigidos por Porta, que no encontraban respuestas frente al dominio de Barahona en la zona pintada. Sin embargo, la figura del experimentado Marcos Saglietti emergió como el líder que el equipo necesitaba. Ante la ausencia por lesión de Manuel Lambrisca, el escolta se puso el equipo al hombro y condujo los hilos del juego con inteligencia y carácter.
Saglietti no solo fue el máximo anotador del partido con 25 puntos, sino también el alma del conjunto sanfrancisqueño en los momentos más adversos. Su temple resultó clave en un encuentro donde San Isidro estuvo lejos de su mejor nivel durante los primeros 20 minutos.
El punto de inflexión llegó con un triple sensacional de Julián Eydallín desde mitad de cancha sobre el final del tercer cuarto. Ese bombazo no solo redujo la diferencia a un solo punto, sino que encendió al equipo y al público. En los últimos diez minutos, los Halcones sacaron a relucir su garra, corazón y carácter para dar vuelta la historia y quedarse con el cuarto punto de la serie.
Todo se definirá el próximo sábado, en los últimos 40 minutos de esta apasionante historia. San Isidro va por el sueño del ascenso, acariciando nuevamente el ascenso a la primera categoría del básquet nacional.





