Catalina Borello relató con impotencia cómo desmantelaron el frente de la sede. Tras robarse las placas y canillas, ahora decapitaron el pesado monumento de piedra: «Me quedé helada, eso una sola persona no lo llevó».
La indignación en la comunidad de San Francisco va en aumento a medida que se conocen los alarmantes detalles del ataque perpetrado contra la sede de la Liga Argentina de Lucha Contra el Cáncer (LALCEC). Lo que en un primer parte oficial parecía un hecho genérico de vandalismo, se constató como un desborde delictivo insólito: delincuentes decapitaron y se llevaron la cabeza del busto que rinde homenaje a don Augusto Boero, emplazado justamente en el ingreso de la vivienda que le perteneció en vida y que fue dada en comodato a la institución.
En diálogo con Radio Estación, Catalina Borello, referente de la entidad, describió el minuto a minuto de un robo que ocurrió a plena luz del día y en un horario de gran movimiento. “Ayer a la mañana yo fui a la institución, abrí todo, entraron pintores; al mediodía estaba todo en orden. Cuando ellos me avisaron que ya se iban, vuelvo a ir a la tarde para cerrar con llave y poner la alarma, y la cabeza no estaba más. Eso ha de haber sido entre las 15:30 y las 17 de la tarde, a la hora de la siesta y en pleno día”, relató con profunda amargura.

La decapitación del monumento no es un hecho aislado, sino la preocupante culminación de una seguidilla de robos que LALCEC viene padeciendo de manera silenciosa en su fachada urbana. Borello repasó el inventario de las pérdidas previas que sufrió el frente: “Se han ido llevando las placas y canillas. La placa de bronce grande y muy linda que estaba abajo tampoco está más; llegamos una tarde y se la habían llevado. La canilla de bronce que teníamos sobre un costado se la robaron, el plomero nos dijo ‘pongan una de plástico’ y duró solo dos días, también se la llevaron. Al busto ya le habían hecho de todo”.
La referente explicó que la cabeza de piedra y cemento ya se encontraba debilitada por ataques anteriores: “Ya le habían querido sacar la cabeza una vez y estaba pegada, pero se ve que como era pesada no se la pudieron llevar. Estaba toda marcada desde hace 4 o 5 meses. Nosotros juntamos dinero para hacer la movida, hacer la base del otro lado y trasladarlo con una grúa, pero se ve que los mismos que la despegaron, ahora se la llevaron”.
A diferencia del bronce, la cabeza de la estatua carece de valor económico, lo que vuelve al hecho aún más insensato y dañino. “La de bronce la venden, pero ¿a dónde van a ir con esa cabeza de piedra? Eso no se puede vender. A lo mejor los mismos que la llevaron la tiran por ahí, en algún contenedor cerca”, analizó Catalina, sumida en la incertidumbre.
Dada la fisonomía del sector, Borello descartó que el sitio sea utilizado por personas sin hogar para dormir a la noche debido a que está «a cielo abierto» y los vecinos jamás divisaron movimientos extraños. Lo que sí dejó en claro es que mover semejante estructura de piedra requería una logística planificada: “Eso es pesadísimo. Para levantar el bloque completo con la comisión ya habíamos dicho de llamar a la grúa. Por eso, una persona sola eso no lo llevó”.
Hasta el momento, la institución no ha radicado la denuncia formal ante la policía, algo que definirían en una reunión de comisión, y ven muy lejana la posibilidad de una restauración si la pieza no aparece. “Restaurar eso, hacer esa cara, esa cabeza de piedra… no creo, no sé”, confesó con tristeza, asegurando que «el desprecio está a la orden del día».
Por este motivo, desde LALCEC emitieron un desesperado pedido de colaboración a toda la ciudadanía de San Francisco: más que dar con los responsables, la urgencia radica en encontrar la pieza de la escultura para devolverle la integridad al patrimonio de la casa. Quienes dispongan de cualquier dato fehaciente, hayan visto movimientos extraños a la siesta o encuentren la cabeza tirada en las inmediaciones, pueden comunicarse de manera urgente al teléfono de la institución: 1520-5778.
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