San Francisco conmemoró este 30 de julio el 52° aniversario del llamado Tampierazo, una de las movilizaciones obreras más significativas de la historia local.
En diálogo con Radio Estación 102.5, César Rodríguez y Guillermo Peretti, referentes ligados a la memoria sanfrancisqueña, repasaron estos hechos que marcaron a la ciudad y a toda una generación.
“El Tampierazo no fue un hecho aislado, hay que ubicarlo en su contexto histórico. Veníamos del Cordobazo, de años de efervescencia obrera y estudiantil. En San Francisco se vivía una fuerte tensión social, agravada por los constantes incumplimientos laborales de la empresa Tampieri”, explicó Rodríguez.
La fábrica, que en su apogeo llegó a tener 1800 empleados, era parte central de la economía local: «Se habían acumulado denuncias por falta de pago, no se abonaban sueldos, quincenas, ni aportes previsionales. Incluso se retenían indebidamente los aportes de los trabajadores sin ser depositados”, detalló Peretti.
La crisis llegó a un punto de ebullición en julio de 1973. Tras 15 días de toma de la planta, la CGT convocó a un paro general y movilización.
“Ese lunes 30 de julio, San Francisco estuvo colmada de gente desde BV Yrigoyen hasta Pellegrini. Fue la concentración más grande de la historia de la ciudad”, recordó Rodríguez.
El conflicto tuvo su desenlace con la intervención del Estado. El vicegobernador Atilio López se hizo presente en San Francisco y gestionó un préstamo del Banco Nación, además del envío de trigo de la Junta Nacional de Granos, para que la empresa pudiera pagar sueldos y reactivar la producción. “Por eso cuando se critica al Estado, es importante recordar que fue el que trajo una solución”, agregó Peretti.
Sin embargo, el episodio dejó también una marca trágica: la muerte del joven de 16 años, Oscar Alberto “Cachi” Molina, quien no trabajaba en la fábrica y se encontraba como espectador. “Fue una víctima fatal de la represión. Nunca se esclareció el origen del disparo”, lamentó Rodríguez. También hubo heridos que, por miedo, callaron durante años. “Un compañero nos contó hace poco que fue herido de bala en la cintura ese día. Se salvó de milagro, pero nunca se supo. Hay historias ocultas del Tampierazo que todavía no salieron a la luz”, reveló Peretti.
El reclamo de los obreros de Tampieri no fue el primero ni el último en la historia de la fábrica. Ya en 1929, un paro por la reducción de la jornada laboral terminó con cinco muertos. En 1946, otra huelga —esta vez por el reconocimiento gremial— también tuvo episodios violentos.

“Tampieri tiene una historia larga de conflictos obreros. Desde sus comienzos, la empresa tuvo una actitud abiertamente antiobrera y antisindical”, señalaron.
El eco de esta lucha no terminó en los años setenta. Durante la dictadura militar, varios de los dirigentes y abogados vinculados al conflicto fueron perseguidos y desaparecidos. “Mi hermana y su esposo, que eran abogados de sindicatos, fueron desaparecidos. También Oscar Liguagi, de la CGT y Empleados de Comercio. Hubo una intención de castigar a quienes habían encabezado o acompañado esa protesta. En el juicio de La Perla se reconoció incluso como una venganza directa”, denunció Peretti.
Rodríguez agregó: “En ese momento, el diario La Voz de San Justo publicó un editorial diciendo que, con la llegada del ‘orden’ de la dictadura, había que esclarecer los hechos del Tampierazo. Eso fue parte de la lógica represiva que buscaba eliminar toda resistencia social”.
Al ser consultados sobre si un hecho de similar magnitud podría repetirse hoy en San Francisco, ambos fueron categóricos: “No. Hoy no hay conciencia de clase, ni solidaridad. Las redes sociales están llenas de burlas y desprecio hacia quienes luchan. Incluso trabajadores se burlan de otros trabajadores que reclaman”, sostuvo Rodríguez. Y agregó con crudeza: “Triunfaron culturalmente desde la dictadura hasta el menemismo. Hoy es imposible imaginar algo así”.
A modo de cierre, Peretti recordó una frase de Mafalda que, según él, resume la historia de muchas empresas como Tampieri: “Nadie amasa una fortuna sin hacer harina a los demás”.
El Tampierazo no fue solo una huelga. Fue una pueblada, una muestra de dignidad obrera, una lección de historia social que aún duele y enseña. A 52 años, la memoria de esa lucha sigue encendiendo preguntas incómodas sobre justicia, poder y olvido. Como señaló Rodríguez: “Lo que busca el poder es que no tengamos historia. Por eso es clave recordar”.



