Alejandro Jobet, guía en formación, inicia un ambicioso proyecto de montañismo junto a un compañero bonaerense. Llevará la bandera de San Francisco en cada cumbre.
Con 34 años y oriundo de San Francisco, Alejandro Jobet emprende uno de los desafíos más exigentes del montañismo sudamericano: escalar las diez cumbres más altas de América. Junto a su compañero de cordada, Maximiliano Oberti, iniciarán la travesía en enero con la ascensión al Aconcagua, en Mendoza, para luego continuar con el Cerro Mercedario, en San Juan, y dos volcanes de Catamarca: el Incahuasi y el Ojos del Salado.

Jobet descubrió su vocación en El Chaltén, durante un viaje por la Patagonia. Allí, un encuentro casual con un guía lo impulsó a iniciar la carrera de Guía de Montaña y Socorrista en zonas agrestes en el Instituto de Centro Andino de Buenos Aires (ICABA). Su formación abarca disciplinas como montañismo, escalada, boulder, anatomía y cartografía.
El proyecto con Oberti, a quien conoció durante la cursada en Buenos Aires, surgió tras varios ascensos compartidos. Uno de ellos, el Cerro del Plata, de 5.960 metros, fue determinante para medir su rendimiento en altura. Lograron la cumbre en menos tiempo del previsto, sin sufrir Mal de Altura, lo que les confirmó su buena aclimatación y preparación para alturas superiores a los 6.000 metros.

“Consideramos que estamos capacitados para hacerlo”, afirma Jobet, quien destaca que realizarán todos los ascensos sin mulas ni asistencia externa, cargando su propio equipo técnico de alta montaña, incluyendo botas dobles, grampones, cuerdas y piquetas. En cada cima, planean dejar una bandera de San Francisco como símbolo del recorrido.
La elección de Aconcagua como primera etapa no es casual: es la montaña más alta de América y ofrece mayor infraestructura en caso de emergencias. “Desde la cumbre se ve el Mercedario, que será la segunda. Y desde el Mercedario, se ve Aconcagua. Está bueno el caminito que vamos eligiendo”, expresa. A diferencia del Aconcagua, el Mercedario y otras cumbres presentan mayores dificultades logísticas, como caminos de ripio y aislamiento geográfico.

Jobet destaca la importancia del entrenamiento físico, pero subraya que en la altura el factor mental es determinante. “El 75% de lo que uno logre es mental”, asegura. Por eso, tanto él como su compañero entrenan con intensidad para mantener la velocidad como herramienta clave ante cualquier imprevisto. “A mayor velocidad, mayor seguridad”, resume.

La temporada comenzará en enero de 2026, y el cronograma continuará con cumbres en Argentina, Bolivia, Chile y Perú, donde planean cerrar la travesía en el Huascarán, la montaña técnicamente más exigente del desafío.
El proyecto está abierto al apoyo de sponsors y entidades interesadas en acompañar esta expedición. Mientras tanto, Jobet continúa con la mirada puesta en las alturas y el objetivo firme de llevar el nombre de San Francisco a lo más alto del continente.


