El histórico edificio de la estación ferroviaria, inaugurado en 1891 y considerado uno de los más antiguos de la ciudad, fue escenario de un emotivo “abrazo solidario” impulsado por organizaciones sociales, culturales y de derechos humanos.
La actividad tuvo lugar el miércoles por la noche. Se organizó con el objetivo de visibilizar el deterioro del inmueble y promover un compromiso colectivo para su preservación y puesta en valor.
Alberto Orellano, referente de la murga La Estación, explicó que la iniciativa surgió desde un espacio interinstitucional: “Nos reunimos varias instituciones con la idea de visibilizar y comprometernos entre todos a cuidar un patrimonio de la ciudad”, afirmó. Sobre el edificio, remarcó: “Estamos hablando de 1891, uno de los edificios más antiguos de la ciudad, que hoy está en riesgo, no solo en su estructura sino en la posibilidad de seguir desarrollando actividades”.
Orellano señaló que la Estación es históricamente un punto de encuentro cultural: “Siempre hicimos carnavales y distintas movidas en el frente de la estación. Mantenemos el predio, pero estamos teniendo problemas de mantenimiento y eso hace que se complique el uso del espacio”, detalló.
La propuesta del abrazo solidario se gestó el 10 de diciembre pasado, en el marco del Día Internacional de los Derechos Humanos, durante un encuentro en el Paseo de la Memoria.
“Ese día propuse hacer una reunión, pensando también en los 50 años que se vienen del golpe militar, para ir variando los lugares para visibilizar la memoria y empoderar tambien a otras instituciones”, relató. La estación, explicó, siempre fue un recurso simbólico fuerte: “Con los bombos, el baile y los tambores, la murga llama la atención”.
Durante la jornada se realizó una choripaneada y se compartieron las problemáticas actuales del lugar.“Entre las cosas más importantes que salieron, todos los presentes se comprometieron a colaborar de alguna manera. No es en contra de nadie, sino a favor de pensar entre muchos cómo podemos cuidar ese lugar”, subrayó Orellano.
Actualmente, en la estación funcionan diversas actividades sociales: una huerta comunitaria, la elaboración de viandas que se entregan semanalmente en un barrio, la murga y un espacio de acompañamiento para personas que transitan el sector de la estación, en la zona de calle Sabatini.
“No se trata solo de derechos, sino de brindar un espacio donde se cocina, se toma mate, se comparte. La murga socializa en escuelas y con la comunidad”, explicó.
Como resultado del encuentro, se resolvió elaborar una lista pública de necesidades. “Es un compromiso grande. Por eso pensamos en un primer pedido posible a corto plazo: una minga de trabajo, entre muchos, para limpiar y poner en condiciones el lugar”, indicó.
A mediano plazo, se buscará gestionar apoyos institucionales: “La idea es hablar con el Concejo Deliberante, con algún concejal, con Desarrollo Comunitario —que ya está aportando para el merendero— y también con Obras Públicas para el mantenimiento”.
Consultado sobre la situación legal del edificio, Orellano recordó que pertenece al sistema ferroviario nacional. “Dejó de funcionar en la era de Menem, con las privatizaciones y la destrucción de las redes ferroviarias. Nosotros estamos ahí desde el año 2000, ocupándolo dignamente. Pasamos el temporal de 2018, cuando un tornado tiró abajo un edificio enorme al lado; la estación resistió. Eso también es un llamado a cuidarla”.
El abrazo tuvo un fuerte contenido simbólico y emocional. “Fue muy movilizador. Defendemos los derechos y, en estos tiempos tan difíciles, era importante juntarnos para seguir manteniendo estos espacios”, expresó. “El Archivo Gráfico y el Centro de Estudios Históricos son conscientes de la importancia de mantener este espacio y están haciendo lo posible para acompañar este pedido”, destacó. Y agregó:
“Hay mucho amor detrás, mucha gente. Anoche nos devolvían eso y fue emocionante. Cerramos con un aplauso por la estación”.
Para sostener el espacio, las organizaciones realizan tareas de reciclado. “Juntamos papeles de todo tipo y los vendemos para poder cuidar y mantener estos espacios”, contó Orellano, quien insistió en el carácter colectivo del reclamo. “Nuestro objetivo es que cada uno, entre todos, nos involucremos para salvar la estación y cuidar el patrimonio histórico de la ciudad”.





