El corresponsal de RADIO ESTACION 102.5 Juan Carlos Fiorillo habló sobre las sorpresas la de sexta luna.
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La sexta luna vibró con La Callejera y Los Palmeras, la sorpresa del festival. Peteco Carabajal vivió un momento incomodísimo en el arranque de su show, que luego tuvo un cierre antológico. Crónica y fotos.
Un comienzo desconcertante y un final antológico. Así se puede resumir la actuación de Peteco Carabajal, número central en la sexta luna de esteCosquín 2016. Lo que debería haber sido una hermosa sorpresa, terminó como una desprolijidad total debido a unos graves problemas con el sonido. El santiagueño decidió comenzar su actuación cantando entre el público, pero la idea se vio absolutamente opacada por frituras, acoples y cortes en el micrófono y en la guitarra.
Lo inentendible del caso fue que tras las fallas en el primer tema, Peteco siguió intentándolo y los problemas continuaron en todo el segmento de «himnos» (casi como burla del destino, uno de los temas elegidos fue Si se calla el cantor) que el santiagueño había preparado para conectarse con la plaza en el arranque. Tras los cinco primeros temas, recién en ese momento decidió ir hacia el escenario. Aunque tanto el cantante como el público pusieron la mejor actitud (es cierto que hubo chiflidos, pero sólo unos pocos), el daño ya estaba hecho. Una verdadera lástima.
Después de interpretar algunos temas más, Peteco se comunicó verbalmante con la plaza, sin embargo no hizo mención al incidente. Por fortuna, al final tuvo revancha. Tras poco más de una hora de actuación, el cierre con el público cantando Digo la mazamorra y Puente carretero abajo de la lluvia y los relámpagos de fondo, fue verdaderamente antológico.
Así arrancó
Otra vez la apertura tenía un motivo extra para prestarle atención, ya que se producía el debut en esta edición del Ballet Folklórico Nacional para el Himno a Cosquín, que continuará hasta el final del festival. El conjunto presentó un cuadro impecable y muy bien trabajado, pero sin transmitir la emoción que por ejemplo se sintió con el ballet ganador del PreCosquín en la jornada del miércoles.
La sexta luna pintaba para baile. Y eso se notó en una plaza que desde el comienzo nomás tenía ánimo de entregarse a la danza, aprovechando los espacios libres que se ofrecían en una poco poblada Próspero Molina (la ocupación arañó un razonable 50 por ciento) y en el cada vez más concurrido “patio”, una de las nuevas apuestas que realmente está funcionando muy bien en la presenta edición.
La Callejera, grupo consagrado por la plaza y el festival el año pasado, tuvo la posibilidad de cumplir con el ritual de abrir una luna (históricamente la consagración tocaba en la de apertura de la siguiente edición), algo que no siempre se terminaba de consumar en ediciones anteriores. Y cumplió con creces el compromiso. «Buenas noches compadres y comadres» dijo su cantante Ariel «Chaco» Andrada y arrancó con un himno del folklore chileno, Yo vendo unos ojos negros para pegarle una chacarera de monte y una sentida chamarrita («el documento nacional de identidad de Entre Ríos», según Andrada). El bis fue con un popurrí andino que la plaza agredció bailando. La banda está afianzada y la conexión con el público cada vez más fuerte.




