¿Perros comunitarios o perros callejeros? Un debate que San Francisco sigue sin resolver

Perros

Durante los últimos años, la presencia de perros sueltos en distintos sectores de San Francisco, especialmente en la zona céntrica, se convirtió en una postal cotidiana.

Para algunos vecinos forman parte del paisaje urbano e incluso son considerados «perros comunitarios». Para otros representan «un problema de seguridad, salud pública y convivencia».

La discusión no es nueva. Sin embargo, los recientes episodios registrados en la ciudad volvieron a poner el tema en el centro del debate y dejaron abiertas preguntas que todavía no encuentran respuestas claras.

Una problemática que atraviesa los años

Ya en 2020 la cuestión había generado una fuerte polémica. En aquel momento, algunos comerciantes del centro fueron notificados por el municipio por alimentar a perros que deambulaban por el sector de Bv. 25 de Mayo.

La medida generó una inmediata reacción de organizaciones proteccionistas y vecinos, que cuestionaron la decisión. Finalmente, el Ejecutivo dio marcha atrás. Han pasado varios años desde aquel episodio, pero la discusión sigue vigente.

Mientras algunos sostienen que los perros forman parte de la comunidad y merecen ser cuidados en el espacio público, otros consideran que la permanencia de animales sin control en las calles constituye un problema que ninguna ciudad debería naturalizar.

Cuando el problema deja de ser teórico

El debate suele adquirir otra dimensión cuando aparecen situaciones concretas. Uno de los casos más impactantes ocurrió en enero de este año, cuando una niña fue mordida por un perro mientras viajaba junto a sus padres en motocicleta por la zona de Antártida Argentina y Olegario Andrade.

La menor sufrió heridas que requirieron ocho puntos de sutura y su familia denunció no solo el ataque, sino también la incertidumbre posterior respecto al estado sanitario del animal y los procedimientos a seguir.

Los padres relataron además las secuelas emocionales que quedaron en la niña, quien desarrolló temor a los perros y evitaba incluso salir a la vereda o volver a subir a una motocicleta.

Perro callejero mordió a una niña y reclaman por protocolos para estos casos

El episodio reabrió interrogantes incómodos: ¿qué ocurre cuando un perro sin dueño identificado provoca lesiones? ¿Quién responde? ¿Existe algún protocolo claro para estos casos?

La otra cara: cuando la violencia tampoco es una solución

Pero la problemática tiene otra cara igual de preocupante. Días atrás, una comerciante del centro denunció públicamente la muerte de una perra que solía acercarse diariamente a su local y era alimentada por vecinos de la zona.

Según el relato difundido, el animal murió luego de recibir una brutal patada en la cabeza por parte de un hombre. El hecho generó indignación y repudio entre vecinos y organizaciones protectoras.

Porque si algo parece estar fuera de discusión es que la violencia contra los animales no constituye una solución bajo ningún punto de vista.

El maltrato, las agresiones o la eliminación de perros no atacan las causas del problema y solo agregan nuevas situaciones de crueldad a una problemática ya compleja.

¿Existen realmente los perros comunitarios?

Quizás uno de los puntos más controvertidos del debate sea justamente la figura del denominado «perro comunitario». Quienes defienden este concepto sostienen que se trata de animales que no tienen un dueño particular, pero sí reciben alimento, agua, atención veterinaria y afecto por parte de distintos vecinos.

Desde esta mirada, los perros forman parte de la comunidad y pueden convivir con las personas si reciben cuidados adecuados.

Sin embargo, quienes cuestionan esta postura plantean una pregunta difícil de responder: si un perro es comunitario, ¿quién se hace responsable cuando genera un daño?

Porque en muchos casos son animales alimentados por varias personas, conocidos por el barrio e incluso protegidos por organizaciones, pero sin un propietario legal claramente identificado.

La responsabilidad: una zona gris

La discusión sobre la responsabilidad no es exclusiva de San Francisco. Recientemente, en junio, un fallo judicial en la localidad correntina de Mercedes condenó a un matrimonio a pagar una indemnización millonaria luego de que sus perros atacaran a una mujer que circulaba en motocicleta.

La Justicia entendió que los propietarios incumplieron su deber de custodia y los responsabilizó por las graves lesiones sufridas por la víctima.

Aunque se trata de una situación diferente porque los perros tenían dueño, el caso pone sobre la mesa una cuestión central: siempre debe existir alguien responsable.

En San Francisco, en cambio, cuando el animal vive en la vía pública, la situación parece mucho más difusa.

Según pudo conocerse tras el caso de la niña mordida, ni la Municipalidad ni las organizaciones proteccionistas serían responsables directas por el accionar de perros callejeros.

Entonces surge una pregunta inevitable: si no hay dueño, ¿quién responde?

Lo que se está haciendo

Desde hace un tiempo, la Municipalidad desarrolla campañas de vacunación antirrábica y jornadas de castración como herramientas para controlar la población canina y promover el bienestar animal.

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Las organizaciones proteccionistas también realizan una tarea permanente de rescate, tránsito y adopción.

Sin embargo, la persistencia del problema demuestra que las medidas actuales parecen insuficientes para resolver una situación que tiene múltiples causas.

El abandono, la falta de castraciones, la tenencia irresponsable y la reproducción sin control continúan alimentando un fenómeno que se repite en gran parte del país.

En diálogo con Radio Estación, la abogada proteccionista Melina Mariamé también remarcó que el caso de Tita volvió a poner sobre la mesa el debate sobre la convivencia con la fauna urbana. Sostuvo que muchos de los episodios de agresiones protagonizados por perros no involucran a animales comunitarios sino a mascotas con propietarios que las dejan circular sin supervisión.

En ese sentido, recordó que la normativa vigente exige pasear a los animales con correa y collar, y señaló que la solución al problema requiere un trabajo conjunto entre el Estado, las organizaciones proteccionistas y la comunidad.

Un debate que involucra a toda la sociedad

Quizás el mayor desafío sea abandonar las posiciones extremas. Reducir la discusión a un enfrentamiento entre quienes aman a los animales y quienes los rechazan simplifica un problema mucho más complejo.

Es posible defender el bienestar animal y, al mismo tiempo, exigir seguridad para vecinos, ciclistas, motociclistas y peatones. Es posible rechazar la violencia contra los perros y también reconocer que la presencia permanente de animales sin control en la vía pública genera conflictos reales.

Porque detrás de cada perro callejero suele haber una historia de abandono humano. Y detrás de cada ataque, accidente o situación de riesgo también hay vecinos que reclaman respuestas.

La discusión sigue abierta. Y probablemente la solución solo pueda encontrarse cuando todos los actores involucrados (Estado, proteccionistas, veterinarios y vecinos) logren sentarse a debatir un problema que, lejos de desaparecer, continúa formando parte de la vida cotidiana de la ciudad.

Buscan testigos para identificar al motociclista que mató a golpes a la perra Tita en pleno centro

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