En el Centro de SuperHumanos en Lviv, se recuperan militares y civiles que sufrieron amputaciones, a quienes se les colocan miembros biónicos.
Esa clínica médica ha sido creada por grandes empresas occidentales, como Virgin Galactic y Mastercard, entre otras, para asistir al sufrido pueblo ucraniano.
Junto a integrantes de la Fundación Maggi -siempre ávidos de ayudar sin fronteras- también buscaremos testimonios de artistas que siguen presentando obras de teatro y cantantes que continúan gestionando shows corales, en medio de los bombardeos y el eterno temor a la muerte.
Como brotes verdes que se resisten a aceptar la inexorabilidad del destino dispuesto por los poderosos y que en tierra arrasada alzan sus voces esperanzadoras. Hanna es una polaca-argentina, que vivió 30 años en nuestro país, cuyos abuelos fueron sobrevivientes de los campos de concentración nazis.
Ella sabe de “brotes verdes”.
Cuenta que su madre, cuando era apenas una beba en Auschwitz, evitó ser fusilada por un soldado alemán mientras estaba en brazos de su desesperada mamá, porque tomó el fusil por el extremo del caño e ingenuamente le sonrió a su asesino. Ese gesto de ternura infinita le salvó la vida.
Aquella niña, años después se trasladó a la Argentina, con Hanna de dos años en brazos.





