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Caen la producción y las ventas de libros en Córdoba

Caen la producción y las ventas de libros en Córdoba

El declive en las ventas y el aumento de los costos de producción son parte de un cóctel que preocupa y genera alarma en toda la cadena del libro argentino. Editores, libreros y dueños de talleres gráficos evalúan la situación con diversos grados de inquietud e imaginan cómo superar los problemas a través de distintas herramientas, aunque todos coinciden en pintar un panorama difícil.

Un informe de la Cámara Argentina del Libro (CAL) le pone números a la situación que vive la industria. En 2016 se editaron 27.700 novedades, cifra que implica una baja del cinco por ciento respecto de 2015 y ubica la producción debajo de los niveles de 2013.

El derrumbe en la cantidad de ejemplares suena más dramático: de 2015 a 2016 cayó un 25 por ciento. Se pasó de producir 83,5 millones de ejemplares a 62,6 millones. En 2014, los ejemplares producidos fueron 128,9 millones, cifra que en 2015 cayó un 35 por ciento.

En Córdoba, que según el informe de la CAL representa el seis por ciento de la producción editorial de todo el país (Capital Federal concentra el 60 por ciento), se vive una situación similar.

“Es una etapa que genera mucha incertidumbre y hay que estar alerta. La situación no es un hecho aislado, es consecuencia directa de la política económica y del rumbo al que apunta el Gobierno nacional”, señala Martín Maigua, editor de Nudista.

“El creciente deterioro en la economía familiar y de cualquier persona trabajadora no deja de afectarnos –añade–. Si los datos negativos siguen creciendo, el futuro de las editoriales, de las librerías y de los libros es muy preocupante. El detrimento lo sufren el lector, la sociedad y la cultura”.

 

Al igual que otros sellos locales, en Nudista se ven obligados a repensar los objetivos, reinventarse y pilotear el temor a que las cosas se compliquen todavía más.

“Lo que afecta es la combinación de todas las medidas desafortunadas puntuales para el sector (más libros importados, más caros los insumos, menos compras estatales), más el contexto general de crisis económica”, apunta Alejo Carbonell, editor de Caballo Negro, quien suma al cuadro la aparición de un “espíritu conservador” que tiende a la retracción.

“Si vos tenías un plan para publicar 10 títulos de mil ejemplares cada uno, terminás haciendo 500 ejemplares de seis títulos, por temor, o porque realmente no se puede”, ejemplifica, y asegura que todo alienta “a ser conservador con los recursos, y, a la larga, con las ideas y los catálogos”.

La situación tampoco resulta alentadora para Juan Maldonado, de la librería El Aleph y editor de Alción, sello local de extensa trayectoria que cuenta con dos mil títulos en su catálogo. “El alto costo de la impresión impacta en la industria de manera evidente. Basta saber que la impresión, encuadernación y papeles superaron el 100 por ciento en los aumentos, precios que no han podido ser trasladados al valor de tapa. Los que sí han subido el costo son los libros de afuera, allí se notan el manejo de los importadores y el beneficio que obtienen en detrimento de la industria local o nacional”.

Explosivo

“Un combo explosivo”, define Gabriela Halac a los factores que están impactando en la producción local. La editora de DocumentA/Escénicas, un sello cuyas tiradas no superan los mil ejemplares y cuyo volumen anual de novedades es pequeño, evalúa: “Sin dudas han caído las ventas de libros en un porcentaje que va del 30 al 40 por ciento, y ese mismo porcentaje ha subido el costo de producción. Esto no se tradujo en el precio de venta al público, sino que lo absorbimos las editoriales. Agregado a esto, las editoriales chicas hemos crecido en los últimos años y estamos en una etapa compleja económicamente porque tenemos que afrontar la caída del sector con la velocidad e impulso con los que veníamos. Tenemos asumidos compromisos con libros de años anteriores que se están materializando hoy, con una evaluación de costos muy diferente”.

Añade Halac que “es parte de la política de nuestros modelos editoriales asumir el riesgo abordando proyectos de libros de autores cuya singularidad muchas veces va en contra del mercado actual, y seguramente a favor de la construcción cultural a futuro”.

“Hace  poco veía una factura de imprenta de un libro que editamos en el 2014 –revela la editora–, y era una cuarta parte de lo que me cuesta un libro igual ahora. Esto no quiere decir que el sector de los gráficos no ha sido uno de los golpeados fuertemente por la crisis”.

Desde Báez Impresiones, que trabaja con editoriales independientes, relevan una reducción de las tiradas aunque el trabajo ha seguido ingresando al taller. “Sabemos que el sector editorial está en regresión, por las importaciones y porque han caído las ventas de libros”, señala Matías Báez. “Lo que produjo una disminución importante es que el Estado no está imprimiendo libros para las escuelas y bibliotecas. Una medida que beneficiaría al sector y a los talleres sería que se volviera a hacer libros en volúmenes importantes por parte del Estado. Y a arancelar las importaciones”.

En librerías

La gravedad del momento que afronta el sector varía mucho según el tamaño de la empresa editorial a la que se le pida una evaluación, y según el lugar de la cadena que se observe.

Desde las librerías tienen su propia visión de la crisis. “El sector se encuentra en estado recesivo leve”, dice Antonio Moro, de la céntrica librería cordobesa El Espejo. “Desde el año 2011 en adelante comenzó el descenso del total vendido medido en pesos –explica–. El descenso en pesos es mayor que el descenso de la cantidad total de ejemplares anuales. Los guarismos oscilaron desde ese año en caídas del cuatro por ciento al diez por ciento anual medidos en valores actualizados, según la inflación dada en esos períodos”.

Moro enumera una serie de medidas implementadas durante la última década que compensaron las caídas en las ventas y atenuaron el descenso, como las políticas de promoción de lectura implementadas a través de programas estatales de aprovisionamiento de libros para bibliotecas populares y universitarias y las becas de adquisición para los programas de investigación en secciones universitarias.

Pero en 2016 y en 2017 la tendencia a la caída se acentuó, señala el librero. “Hemos valorado las caídas con promedios interanuales del cuatro al ocho por ciento desde 2011 hasta 2015, y del 10 en 2016; durante este 2017 se mantiene la misma incidencia negativa.

Para Rubén Goldberg, de Rubén Libros, el escenario que afronta el sector está atado a una crisis más amplia de la actividad económica, pero se atreve a decir que “no es una situación de extrema gravedad que sí obliga a estar atentos”.

“Hoy el libro tiene grandes aliados. Hay una presencia real del libro en la vida cotidiana y los medios de comunicación”, señala, aunque reclama que son necesarias políticas de Estado.

“Córdoba ha dado un salto altamente positivo en lo que respecta a nuevos sellos que cubren una amplia gama en la temática literaria –con jóvenes autores–, que van de la narrativa a la poesía. No les resulta nada fácil moverse en un territorio muy poblado de nuevos títulos, pero esto no los desanima e insisten en publicar. No es un hecho menor y ello me produce orgullo cordobés”, cierra Goldberg.

Para Córdoba las dificultades son mayores en toda la cadena del libro. Los puntos de venta más importantes están en Buenos Aires, a lo que se añaden los costos que implica para una editorial local estar presente en librerías y ferias, y el contacto con distribuidores.

“Todo eso implica una inversión extra que ningún porteño imagina –señala Gabriela Halac–. Es tiempo, traslados, dinero que se suman a lo de todos los días. El mundo del libro es fuertemente centralista, basta ver los números y porcentajes de la producción y vas a ver que más del 90 por ciento sucede en Buenos Aires. Existir como editorial de provincia, poder formar parte no solo del mercado sino también de la discusión e interlocución, conlleva muchísimo trabajo y es algo imprescindible”.

Tamara Sternberg, librera y editora de El Emporio Ediciones, coincide en el diagnóstico sobre la gran concentración a nivel nacional: “Hay grandes monopolios, lo que desfavorece a la edición local ya que la diferencia cada vez es mayor. Debería haber una regulación al respecto”.

La escala del negocio también tiene su incidencia. Carlos Ferreyra, del sello local Recovecos, apunta: “No es un problema actual, la caída viene de hace tiempo, ahora se incrementó porque el libro parece un lujo comparado con lo cotidiano. Se nota en Córdoba, pocas presentaciones de libros, pocas novedades, eso en cuanto a catálogo, pero el negocio editorial mediano, la edición de libros de autor, la impresión, la circulación pequeña, sigue latiendo”.

Cifras

La Cámara Argentina de Publicaciones (CAP) también divulgó números. Según esta estadística, entre 2015 y 2016 hubo a nivel nacional una caída del 15 por ciento en la producción, tanto de títulos como de ejemplares totales, y de un 12 en ventas del mercado privado de las editoriales comerciales.

Considerando además la caída de las ventas al sector público (en 2016 no hubo compras de literatura infantil para aulas y bibliotecas), el retroceso se ubica en 25 por ciento.

Mientras que en 2015 el Gobierno nacional compró 8,60 millones de ejemplares por 570 millones de pesos, en 2017 se adquirieron 3,60 millones de ejemplares (en su totalidad libros de texto para la temporada escolar, pero nada de literatura) por 425 millones de pesos.

Los reclamos y el malestar del sector se hicieron escuchar en la reciente Feria del Libro de

Buenos Aires, en cuya apertura el ministro de Cultura, Pablo Avelluto, reconoció los problemas pero descartó que se viva una situación terminal.

Un anexo a El Libro Blanco de la Industria Editorial Argentina 2017, que la Cámara de Publicaciones presentó esta semana, señala que en el primer trimestre de este año el mercado de libros muestra niveles similares a los del mismo período de 2016. Es decir, las cifras siguen muy lejos de los valores de 2015 y acentúan la preocupación.

En números

La industria del libro

62,6 millones de ejemplares se produjeron en 2016, contra 83,5 del año anterior.

6% representa Córdoba en la producción de todo el país.

25% a 40% es la caída aproximada de la industria en el último año. La tendencia en 2017 sería la misma.

La Voz del Interior

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