Cecilia Arato, sobreviviente de cáncer de ovario en estadio 4, compartió su testimonio resiliencia.
En entrevista con Radio Estación 102.5, Cecilia relató cómo el diagnóstico la tomó por sorpresa: «Yo me imaginaba que no pintaba bien, pero nunca pensé que sería tan grave. El doctor me dijo: ‘Es cáncer de ovario en estadio 4’, el peor de todos».
A pesar de la gravedad, Arato destacó que su caso fue atípico, ya que, a pesar del avance de la enfermedad, no presentaba síntomas significativos: «Yo nunca dejé de trabajar. Tenía la panza hinchada, pero no tenía dolor. El médico no lo podía creer cuando le dije que me sentía bien«. Sin embargo, el golpe emocional fue devastador cuando se dio cuenta de que su sueño de ser madre se esfumaba. «Lo primero que pensé fue en la maternidad. Le dije al doctor: ‘¿Podemos congelar óvulos?’ Y me respondió: ‘No, no hay tiempo para nada, es vos o un bebé’».
El tratamiento fue inmediato y agresivo. Cecilia comenzó con seis ciclos de quimioterapia, a lo que siguió una cirugía en enero de este año, donde le extirparon el útero, los ovarios y parte del peritoneo. Hoy, continúa un tratamiento de inmunoterapia: «Es un suero que, según entendí, ayuda a que las proteínas repelen las células cancerígenas si quedaran».
El proceso no fue solo físico, sino también emocional. Cecilia relata que la caída del cabello fue uno de los momentos más difíciles: «A los 15 días de la quimio, el médico me dijo que se me iba a caer el pelo. Me acuerdo de la desesperación al ver cómo se enredaba y caía en mechones. Me rapé y, aunque fue chocante, fue liberador. Soltar esa carga fue importante».
Una parte fundamental de su sanación fue el apoyo que recibió, tanto de su familia como de un grupo de contención de LALCEC San Francisco: «Poder hablarlo con gente que pasó por lo mismo es sanador».
Además agregó: «Agradezco el grupo de apoyo, que es gratuito y donde compartimos nuestras experiencias. A veces, la compañía y el poder decir ‘aquí estoy’ son todo lo que necesitas», destacó Arato.
Por su parte, Cecilia complementó el proceso con terapias alternativas: «Acompañé todo con constelaciones, armonizaciones y meditaciones. Fue un largo camino de sanación física y emocional. Creo que la sanación viene del cuerpo, la mente y el alma».
Hoy, un año después de su diagnóstico, Cecilia comparte un mensaje de esperanza.
«Lo importante es la fe. La sanación está en uno. Si te visualizas sano, lo logras. Si alguien está pasando por lo mismo, no bajes los brazos. Apóyate en tu familia, busca ayuda, y recuerda que siempre hay una razón para lo que estamos atravesando».
Arato convirtió su dolor en amor, y ahora se dedica a acompañar a quienes transitan el mismo camino que ella: «Aprender a transformar el dolor en amor fue mi mayor lección. Nunca me pregunté ‘¿por qué a mí?’. Al contrario, me pregunté ‘¿para qué?’. Ahora entiendo que fue para ayudar a otras personas».
Con su testimonio, Cecilia nos recuerda la importancia de la fortaleza mental y la red de apoyo frente a los diagnósticos de cáncer.
https://youtu.be/yIU4hdIjycA


