Un domingo de alta tensión en el entorno presidencial. Mientras el asesor estrella del «triángulo de hierro» gana terreno en áreas estratégicas, el futuro de la vocería genera versiones cruzadas. Además, la pulseada con la AFA suma un nuevo capítulo de revancha.
El descanso dominical parece no existir en los pasillos del poder. Este 29 de marzo de 2026, la agenda política nacional está marcada por una reconfiguración de fuerzas que tiene como gran protagonista a Santiago Caputo. El asesor preferido del Presidente ha logrado consolidar su influencia en cajas y áreas de decisión clave, desplazando a sectores más tradicionales del gabinete.
Lo que comenzó como una asesoría comunicacional y estratégica se ha transformado en un control operativo real. Caputo hoy supervisa desde nombramientos en empresas públicas hasta la letra chica de los pliegos de licitaciones sensibles. Su avance no es silencioso: ha generado roces con ministros que ven cómo su autonomía se reduce ante la mirada del joven estratega.

En las últimas horas, crecieron las versiones sobre una «advertencia» interna respecto al rol del Vocero Presidencial. Si bien Manuel Adorni mantiene una exposición altísima y una defensa férrea de la gestión, en el círculo íntimo de Milei se analiza si su perfil debe mutar hacia una función con mayor peso político ejecutivo o si, por el contrario, su desgaste mediático requiere un relevo de aire fresco. Por ahora, el «Fin» que suele publicar el vocero en sus redes parece estar lejos de su propio cargo, pero la lupa está puesta sobre su gestión.

En paralelo, la guerra fría entre el Gobierno y la AFA ha pasado a una etapa de hostilidades abiertas. Claudio «Chiqui» Tapia se siente fortalecido tras las últimas asambleas y ha lanzado una suerte de «revancha» política, resistiendo el desembarco de las Sociedades Anónimas Deportivas (SAD).
El Gobierno no se queda atrás y prepara una batería de medidas impositivas y controles sobre los clubes para forzar la apertura al capital privado. Es un duelo de titanes donde el fútbol es apenas el campo de batalla de una pelea mucho más profunda por el control de las instituciones.

Estos movimientos confirman que la gestión de Milei se cierra cada vez más sobre su núcleo duro. Con un Congreso que mira de reojo y una oposición que intenta reorganizarse, el «triángulo de hierro» (Javier Milei, su hermana Karina y Santiago Caputo) parece haber decidido que 2026 es el año de la consolidación total del poder interno, cueste lo que cueste.
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