El delantero de Sportivo Belgrano visitó los estudios de Radio Estación y se prestó a un ida y vuelta imperdible. Confesó cómo vive el día a día en San Francisco, el recuerdo de su paso por el fútbol salvadoreño y las internas más divertidas de un vestuario que ya piensa en el nonagonal.
Detrás de cada futbolista que sale a la cancha hay una historia, una rutina y, sobre todo, un día a día que el hincha muchas veces desconoce. Con la tranquilidad de haber sellado la clasificación al nonagonal —«el primer pasito de todo lo que queremos», según sus propias palabras—, Gonzalo Tarifa se sentó a charlar con Pasión de Multitudes en el aire de la 102.5. Lejos de los micrófonos de la conferencia de prensa tradicional, el delantero abrió las puertas de su intimidad en una entrevista «Lado B» que dejó de todo: risas, recuerdos de su Salta natal y varias infidencias del plantel «verde».
A principios de año, Tarifa armó las valijas y desembarcó en San Francisco. En el vestuario se reencontró con caras conocidas por haberlos enfrentado o por haber compartido camiseta en otros clubes. Aunque llegó bajo la conducción de Sergio Maza (quien lo hizo debutar en Gimnasia y Tiro), el delantero asumió con naturalidad el posterior arribo de Cristian: «Que se vaya un técnico no está bueno, pero es parte también de esto. El grupo lo tomó de buena manera y pudimos levantar».

Con 25 años, Tarifa ya se siente un futbolista profesional con todas las letras, algo que aprendió desde muy chico gracias a un formador que lo marcó a fuego:
«Yo tuve un ayudante de campo que me marcó mucho en lo personal cuando tenía 17 o 18 años. Me decía que para ser profesional uno tiene que vestirse como profesional, comportarse como profesional y actuar como profesional. Por ahí cuando sos chico pecabas de ir a entrenar en ojotas; él me decía que no podía venir así, que se me podía caer el celular en el pie y era otra historia, cosas así que me cambiaron la mentalidad».
Pasado internacional: El Salvador y el «asado de bifes»
Dentro de su recorrido, Tarifa registra un paso por la primera división de El Salvador. Una experiencia que calificó como «hermosa» y competitiva, donde además mostró una de sus mejores versiones futbolísticas. Pero lo más jugoso de su estadía en Centroamérica estuvo en el choque cultural y gastronómico.
Al ir acompañado por otro jugador argentino, el desarraigo fue más llevadero gracias a los mates compartidos. Sin embargo, la cultura rioplatense genera tanta curiosidad afuera que sus compañeros salvadoreños no quisieron perderse la oportunidad de probar un verdadero asado.
«Una vez cerramos la pretemporada y querían que nosotros hagamos un asado para todo el plantel. Nos traen una bolsa como de 20 kilos… ¡todos bifes finitos!«, rememoró entre risas Tarifa. «Yo decía: ‘¿cómo hacés en la parrilla?’. Había como 700 bifes, era dar la vuelta uno y uno. Rápido de hacer, pero un poco molesto». ¿Y el mate? «Tenía un compañero salvadoreño que tenía su propio mate, se daba sus mañas, pero más que nada le gustaba tenerlo ahí y mirar lo que estaba bonito para la foto de Instagram».
El secreto de las hornallas y los códigos del viaje
Ese ida y vuelta con la comida no fue casualidad. En la charla, el atacante salteño confesó que tiene una faceta culinaria muy activa y que le gusta mucho cocinar en su día a día. Eso sí, una cosa es el menú diario en la intimidad de su casa y otra muy distinta es hacerse cargo del fuego para alimentar a un equipo entero. Al ser consultado sobre el rol de asador oficial en San Francisco, Tarifa aclaró rápido los tantos: «No me ha tocado hacer asado para el plantel todavía», se atajó entre risas, dejando ese terreno sagrado para los históricos o los especialistas del grupo.
Donde tampoco se anota con facilidad es en las mesas de cartas que suelen armarse para matar el tiempo en las concentraciones o en los trayectos en colectivo. Mientras muchos futbolistas descargan tensiones entre señas y gritos, él prefiere mantenerse al margen. «No soy mucho del Truco», reconoció con total honestidad, prefiriendo pasar esas horas eternas de viaje con la música, la charla tranquila o simplemente concentrado en lo suyo.
La intimidad del vestuario.
El momento más distendido de la entrevista llegó a la hora de repasar los códigos internos del plantel de Sportivo Belgrano. Cuando se le preguntó por la música de los viajes y quién maneja el vestuario, Tarifa no dudó un segundo y mandó al frente al «dueño» del parlante en el colectivo: Juan Caviglia.

«Imaginé que iban a preguntar quién es el más molesto y es Caviglia, sin duda. Se lleva todas las fichas, es unánime», tiró Gonza desatando las risas en el estudio. Según el delantero, en los viajes largos el folklore se hace fuerte, pero el repertorio es amplio. «Metemos la siestita después del almuerzo y nos levantamos medio con pila, así que mate y música a morir hasta que llegamos al estadio. Ya hay temas que son como cábalas», reveló.
Actualmente, el salteño se recupera de una contractura que sufrió ante Douglas Haig y que lo mantendrá un par de días afuera de las canchas. Mientras tanto, trabaja para volver con todo, sabiendo que la competencia interna es sana pero exigente, y que la clave para los delanteros es «mantener la calma» para aprovechar las situaciones que se presenten.

Antes de despedirse, los conductores no dejaron pasar la oportunidad de sellar un pacto de cara a lo que viene en el torneo. Con el micrófono encendido, quedó flotando una propuesta que entusiasmó a todos: la posibilidad de dedicarle un gol al programa «Pasión de Multitudes». Entre risas y con la picardía que lo caracteriza, Gonza aceptó el desafío y prometió buscar un festejo especial frente a las cámaras la próxima vez que le toque inflar la red.
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