La joven estudiante sanfrancisqueña visitó el estudio de Radio Estación y expuso una profunda lección histórica sobre el rol colectivo de las mujeres y la comunidad afro en la independencia argentina.
La mañana de la 102.5 tuvo un momento cargado de emoción, orgullo familiar y un valioso rescate histórico. El aire de Radio Estación se renovó con la visita de Milagros Inés Boetto Pérez, una joven de 19 años nacida en San Francisco que actualmente cursa la Licenciatura en Historia y el Profesorado de Filosofía en la ciudad de Santa Fe.
A sus 19 años, Milagros demuestra una madurez conceptual que sorprende. Tras un breve paso por la carrera de Abogacía que decidió abandonar porque «no era para mí», apostó de lleno por su verdadera vocación. Al ser consultada sobre su identidad en esta etapa de transición, dejó una definición reflexiva:
«No te podría dar una definición de quién soy ahora porque yo siento que soy lo que no soy, no soy lo que soy y yo creo que esa nada es la que puede determinar la juventud, que es como cambio constante y por esa nada yo creo que son simplemente posibilidad».
El recuerdo de la Escuela PROA y el paso por la ONU
Durante la entrevista, se rememoró el paso de Milagros por la Escuela PROA de San Francisco (especialidad Biotecnología), institución de la cual forma parte de la primera promoción. La estudiante secundó los elogios que realizó más temprano otro conocido de la casa, Gael Moyano, destacando el fuerte sentido de pertenencia que genera el colegio: «A cualquier persona que me dice que le recomiende un secundario, yo se la recomiendo a cualquiera porque tiene un ambiente muy familiar».
La conexión con Gael viene de larga data, puntualmente de cuando compartieron las simulaciones de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) representando a la escuela. Milagros detalló que participó durante dos años seguidos en el rol de embajadora. Ella manejaba los tratados internacionales en la embajada, representando a Mozambique el primer año y a Reino Unido en el segundo, ocasión en la que el PROA alcanzó el segundo lugar del podio, detrás del Pablo VI. Recordó con especial afecto a sus profesores de secundaria, Gastón y Nati, quienes la marcaron y la impulsaron a dedicarse a las ciencias sociales.
La dura transición de mudarse a Santa Fe
Dejar San Francisco no fue una tarea sencilla. Milagros abordó el desarraigo y los temores económicos o afectivos que sufren muchos jóvenes de la ciudad al terminar el secundario. «Yo creo que las amistades y de la familia es lo más complicado, y más cuando te mandás sola, sin conocer a nadie», confesó. Relató que su grupo de amigos se dispersó por diferentes provincias e incluso su mejor amigo emigró a Francia. Su experiencia inicial en Santa Fe estuvo marcada por la soledad de cursar Abogacía, un ambiente que describió como «más competitivo» y «no muy amistoso», panorama que cambió radicalmente al volcarse a la carrera de Historia.
Reivindicar a María Remedios del Valle: una lucha colectiva
El núcleo central de la visita de Milagros fue poner sobre la mesa un tema del que, según sus palabras, «mucho no se habla»: la participación de las mujeres de los sectores populares en las guerras de la independencia. En lugar de enfocarse en las figuras tradicionales y extraordinarias como Manuel Belgrano, prefirió rescatar la biografía de María Remedios del Valle para visibilizar una realidad mucho más amplia.
«La razón por la que yo traje esta historia, esta biografía, fue porque fuera de un caso individual, que por ahí cuando la historia tiene nombre y apellido, dejamos de visibilizar de que puede representar la lucha de un colectivo».

Del frente de batalla a la mendicidad
Milagros expuso con precisión la cronología de esta heroína afrodescendiente nacida aproximadamente entre 1764 y 1766, cuyo apellido original se desconoce debido a su condición de esclavizada. Su incorporación al ejército en 1810 se produjo siguiendo a su esposo y a sus dos hijos (uno adoptivo) en una época donde la familia era una estrategia vital de supervivencia. A pesar de perder a toda su familia en el frente de batalla, continuó combatiendo bajo las órdenes de Manuel Belgrano.
Su valentía en la batalla de Ayohuma le valió el reconocimiento del propio Belgrano, quien la nombró cabo, y el respeto de sus compañeros, quienes la bautizaron como la «Madre de la Patria«. Tras ser capturada y azotada por los realistas, logró escapar y regresar a Buenos Aires tras la declaración de la independencia de 1816. Sin embargo, la vejez y las secuelas físicas la condenaron a mendigar en las iglesias de una sociedad que no reconocía su servicio.

El tardío reconocimiento histórico
Fue el general y diputado Juan José Viamonte quien la reconoció en la calle en condiciones de extrema pobreza e inició los trámites parlamentarios para que se le otorgara una pensión como capitana de infantería. Posteriormente, en 1835, el gobernador Juan Manuel de Rosas la promovió a sargento mayor, otorgándole una estabilidad económica que le permitió vivir dignamente sus últimos años, adoptando en gratitud el nombre de María Remedios del Valle de Rosas. Pese a ello, con el cambio de gobierno volvió a perder el sustento y falleció en la pobreza.
Milagros concluyó remarcando la importancia de que en el año 2013 se haya establecido un día nacional en su honor, coincidiendo con los 200 años de la Asamblea del Año XIII y la libertad de vientres. «La idea de recordarla es como una forma de reivindicar la lucha de todo su colectivo, de todas las mujeres, porque representa muchísimas marías que estuvieron ahí en las batallas, que formaron parte de la independencia, pero que no sabemos y nunca lo sabremos», cerró la estudiante.
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