La mayoría de los salvadoreños manifiesta un apoyo generalizado a la política de guerra contra las pandillas implementada por el presidente Nayib Bukele desde el 2019, que se endureció el año pasado con el llamado Estado de Excepción.
Caminar hoy por las calles de El salvador parece algo normal, pero hace unos cuatro años atrás era una misión imposible y de máximo riesgo.
La seguridad es una realidad desde que el presidente Nayib Bukele implementó, en el año 2019, una contundente política de guerra contra las pandillas que mantenían en vilo a la sociedad, y que se endureció el año pasado con el llamado Estado de Excepción.
La medida es polémica y ha sido duramente criticada por organismos de Derechos Humanos, entre otros puntos, restringe derechos y garantías individuales como la libre reunión, la inviolabilidad de la correspondencia y las comunicaciones, y faculta las detenciones sin orden judicial.
No obstante, el común de la sociedad se manifiesta conforme. “Ahora se puede trabajar bien. Antes no se podía entrar a las colonias. Ahora hay seguridad”, dijo un ciudadano salvadoreño que se dedica a hacer repartos.
El Salvador es un país pequeño, tiene seis millones de habitantes y hasta hace algunos años ostentaba el mayor índice de homicidios del mundo. Hoy, la gente circula con normalidad.
Los ojos del mundo se posicionan hoy en Nayib Bukele y se preguntan si es posible implementar, en otros países de América Latina, el modelo de El salvador.




