En un cruce perfecto entre las artes visuales y las letras, los integrantes del espacio local dialogaron con el artista en torno a su obra «Línea de Tiempo». La sutil frontera entre lo real, lo apócrifo y el verdadero sentido de la ficción.
El Taller Literario Municipal de San Francisco protagonizó una experiencia enriquecedora que conectó de manera directa la escritura con las artes visuales. Los integrantes del taller irrumpieron y «ocuparon» el espacio de “Línea de Tiempo”, la muestra del artista Fernando Goin, quien recientemente inauguró su recorrido visual y sonoro sobre la historia argentina en las instalaciones del Centro Cultural San Francisco.
La visita no fue una simple recorrida contemplativa. El grupo tuvo la oportunidad de mantener una profunda conversación con el propio Goin, cuyo trabajo minucioso indaga sobre conceptos sumamente atractivos para los creadores de historias: el uso de lo apócrifo y lo “fake” (lo falso o simulado) dentro del hecho estético.

Este cruce de ideas llevó a reflexionar sobre las infinitas posibilidades que ofrece la creación. «Su trabajo con lo apócrifo o lo ‘fake’ nos recordó esta posibilidad que nos ofrece la ficción: ‘sentir que estamos tocando la verdad’ (Henry James), y que esto valga tanto como si se tratara de la realidad misma», explicaron los miembros del taller a través de un posteo en sus redes oficiales, rescatando la célebre cita del autor.
«Lo ‘fake’ no se propone ‘hacernos creer’, sino hacernos sentir. Es una estrategia para hacernos ingresar en ese mundo que es una obra literaria o visual».
A partir del mano a mano con el artista, el debate del taller se trasladó a las concepciones teóricas de la escritura. Los talleristas coincidieron en plantear que los recursos de Goin actúan como una “ilusión de verdad” construida por el autor, desmarcando al arte de la simple adulteración o el engaño burdo.
En sintonía con esto, desde el taller evocaron los postulados del escritor Osvaldo Aguirre, quien defiende con firmeza que «la ficción no es mentira», sino que constituye «otra forma de contar la realidad que no se agota en una cuestión de contenidos». El paralelismo con el método de Goin quedó plasmado al analizar el acto de escribir como un trabajo de investigación: al redactar, los autores realizan una “pesquisa”, recolectan elementos e indagan sobre sus circunstancias, pero bajo el tamiz de lo “artificial” que genera el propio punto de vista.

Este ordenamiento estético es, en definitiva, una estrategia para hacer partícipe necesario al espectador o lector. En la cotidianidad del habla popular solemos usar la frase “lo hice entrar” cuando alguien cae en un engaño; sin embargo, en el arte, ese «ingreso» tiene fines puramente receptivos y emocionales.
Para dar cierre a la puesta en común, los integrantes del taller citaron un texto del blog del escritor Franco Rosso, quien retoma la línea de Aguirre para sentenciar el verdadero límite de la creación: «No hay mentira posible que nos aleje en una ficción». Rosso concluye de manera tajante que ficcionar implica inevitablemente «aventurar al otro a ser parte de algo», mientras que mentir, en lugar de conectar, provocaría el efecto contrario: «sería alejarlo de nuestra obra».
Fernando Mosca busca impulsar inversiones italianas en San Francisco





