Este domingo, más de 12 millones de bonaerenses acuden a las urnas para elegir legisladores provinciales y concejales municipales en un contexto de alta tensión política y económica.
Se trata de unos comicios que podrían definir si la crisis que atraviesa el Gobierno de Javier Milei se profundiza o si logra un respiro que le permita relanzar su gestión.
Nunca antes unas elecciones provinciales habían despertado tanto interés y dramatismo en la cima del poder argentino. Para Milei, una victoria sería una oportunidad de calmar la rebelión opositora y la creciente desconfianza de los mercados financieros. Por el contrario, un triunfo del peronismo se interpretaría como un revés simbólico y político, poniendo en cuestión la viabilidad de su plan económico basado en el lema “kirchnerismo nunca más”.
La cita electoral llega semanas antes de los comicios legislativos nacionales del 26 de octubre, cuando se renovará la mitad de la Cámara de Diputados y un tercio del Senado. La provincia de Buenos Aires, históricamente dominada por el peronismo y con casi el 40% de la población del país, vota de manera adelantada tras la decisión del gobernador Axel Kicillof de “desdoblar” la fecha, en un intento de marcar autoridad frente a Cristina Kirchner y posicionarse como potencial candidato presidencial.
La campaña local, sin embargo, ha estado marcada por un debate netamente nacional. Desde el oficialismo, la figura de Milei ha centrado su mensaje en la lucha contra el peronismo, utilizando incluso la tipografía del emblemático libro Nunca más, provocando polémica por el uso de un símbolo histórico de los derechos humanos. Por su parte, el peronismo focalizó su campaña en la economía y los escándalos de corrupción que envuelven a la familia presidencial, con Karina Milei, hermana del mandatario y secretaria general de la presidencia, en el centro de las críticas por presuntas comisiones irregulares.
Durante el último año y medio, Milei gobernó a fuerza de decretos y vetos, contando con apoyo parcial de la oposición pese a los insultos que recibía a diario. Sin embargo, la situación cambió drásticamente: el Parlamento comenzó a revertir leyes y a derribar vetos, mientras crece la tensión económica y el riesgo país. Esta semana, el Senado ridiculizó a Karina Milei mediante cánticos ofensivos, reflejando el desgaste político del oficialismo.
Incluso la crítica pública de reconocidos analistas refleja la preocupación: Nelson Castro, periodista y médico, comparó recientemente la gestión de Milei con la de Cristina Kirchner, sugiriendo problemas de ego y relaciones patológicas en la cúpula del poder que afectarían la gobernabilidad. La campaña también se ha visto marcada por hechos de violencia, con ataques físicos a la comitiva presidencial, hechos que, aunque rechazados por la oposición, han tensado aún más el clima electoral.

En términos políticos, Buenos Aires es clave. El peronismo controla la Cámara baja con 37 de 89 escaños, frente a los 36 de la oposición, que incluye 13 para La Libertad Avanza. En el Senado, la izquierda tiene 21 de 46 escaños. Aunque no existen encuestas recientes para estas elecciones locales, se prevé que la izquierda mantenga su predominio, mientras Milei busca capitalizar los logros económicos que atribuye a su gestión, especialmente la reducción de la inflación al 37% en julio, tras un pico del 292% en abril de 2024.
El peronismo, por su parte, confía en su influencia histórica y en la sensibilidad económica de los votantes, conscientes de que en Argentina el voto suele responder más al bolsillo que a los escándalos de corrupción. La elección de hoy podría marcar un punto de inflexión para Milei: una victoria le permitiría preparar el terreno para los comicios de octubre, mientras que una derrota consolidaría la percepción de un Gobierno en crisis y debilitado.





