Con más de 34 años de trayectoria, Javier Lovera es un nombre que suena fuerte en la escena musical de la región. Disc-jockey desde principios de los años 90, comenzó su carrera en la mítica discoteca El Banco, ubicada en la esquina de 25 de Mayo y Alberdi, cuando la cultura bolichera vivía uno de sus grandes momentos en San Francisco.
Desde entonces, su camino ha sido constante, adaptándose a los cambios musicales y tecnológicos, y manteniéndose activo tanto en boliches como en eventos sociales. “Actualmente seguimos en actividad, trabajando en eventos desde Arroyito hasta Morteros, pasando por Brinkmann, Rafaela, María Juana y San Jorge”, cuenta el DJ, quien también admite que una de las claves para seguir vigente es “adaptarse a la música del momento”.
Aunque reconoce cierta resistencia del público más adulto hacia géneros nuevos como el trap o el RKT, Lovera asegura que el reggaetón sigue siendo protagonista en la noche. “A pesar de que muchos de esos temas tienen más de 20 años, siguen sonando los sábados en los boliches de punta”.
Pasión, esfuerzo y adaptación
Ser DJ no es solo subir a una cabina y pasar música. Detrás de cada show hay planificación, montaje y coordinación con otros profesionales. “El trabajo arranca los jueves o viernes, con el armado de luces, sonido, pista y cabina de DJ. Y el sábado, ya desde temprano, estamos coordinando todo con wedding planners, fotógrafos y el catering”, detalla. El desmontaje muchas veces se extiende hasta el lunes.
A sus más de 50 años, sigue compartiendo cabina con DJs mucho más jóvenes. “Normalmente los DJs hoy rondan los 21 a 25 años, y yo todavía sigo en vigencia entre esa juventud. Supongo que es porque algo bien estamos haciendo”.
De la cabina al living: el éxito del boliche virtual
Durante la pandemia, y ante la imposibilidad de tocar en vivo, Javier no se quedó de brazos cruzados. Junto a su hijo Mauro, transformaron el living de su casa en un estudio de grabación. Así nació el boliche virtual, un ciclo de transmisiones en vivo por Facebook que llegó a reunir a más de 21.000 personas un sábado por la noche.
“La idea la vi en colegas de Buenos Aires, y la adaptamos. Armamos un set con computadoras, pantallas, luces, y todos los sábados hacíamos tres o cuatro horas de música en vivo. Fue un éxito total. Nos hicieron notas desde Canal 10 de Córdoba y radios de toda la región”, recuerda con orgullo. El ciclo duró de marzo a noviembre de 2020 y aún hoy hay quienes lo recuerdan con cariño.
Sin género fijo, con la música como motor
Aunque no tiene un estilo favorito para trabajar, confiesa que en su casa suena música de su época. “Me gusta toda la música, trato de pasar por todos los géneros, lo que más suena hoy son los latinos, reggaetones, y últimamente los temas versionados en cuarteto están gustando mucho”.
También destaca su admiración por David Guetta, con quien comparte generación. “Siempre me gustó, me identifico con él y lo sigo desde hace años”.
A pesar de las idas y vueltas y los intentos de abandonar el oficio por el desgaste físico que implica, Lovera siempre vuelve a la música. “Intenté dejarlo un par de veces, pero me di cuenta de que realmente me gusta lo que hago. Me divierte y me hace bien. Esa es mi verdadera motivación”.

