La importancia de los molinos en la historia de San Francisco

La importancia de los molinos en la historia de San Francisco

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“La primera industria que tuvo San Francisco fue la molinera y el primero en dedicarse a ella en la nueva población fue el propio fundador José Bernardo Iturraspe. Lo hizo en 1889, al poner en marcha las maquinarias del molino “San Francisco”, en el predio que hoy ocupa el Colegio Superior “San Martín”.
Se decidió por hacerlo allí para aprovechar la proximidad con las vías del ferrocarril Central Córdoba que se había inaugurado un año antes, lo que evitaba fletes y facilitaba la recepción de materia prima y la carga de harina producida en sus instalaciones.

En 1892, hizo lo propio la sociedad de Carlos Boero Romano y Vicente Lanfranchi, al fundar el molino “Meteoro”, el cual aún funciona y es la más antiogua empresa de la ciudad, mérito logrado por la constante innovación tecnológica.

En 1915, los herederos de Iturraspe vendieron la empresa a Molinos Río de la Plata y en sus buenas épocas, desde los años 10 hasta los 50, ambas empresas -Molinos y Meteoro- dieron trabajo a centenares de personas.

Pero el año 1890 fue pródigo en fundaciones industriales, o al menos de talleres que con el tiempo tuvieron resonante importancia, mencionamos sólo a tres: la fideería de Pascual Biava, la fábrica de zarandas cerealeras de Martín Carra y la fábrica de carruajes “El Porvenir”, de Juan Curtino y Daniel Vallini.

Precisamente la empresa de Biava, surgida en este tiempo, fuertemente vinculada a la producción Molinera, devino luego en Biava, Tampieri y Cía., la mayor empresa de pastas secas de América Latina en los años 20 y 30. Esta firma, conocida como Tampieri, desde 1921, con altibajos desde la década de 1960, quebró en 1975 y bajo conducción de la sociedad “Tres Molinos”, prolongó su existencia hasta 1995.

Molinos Río de la Plata cesó aquí en 1970, casi al mismo tiempo que la fábrica de galletitas -otro emprendimiento de Tampieri y Cía.-, por lo que el Molino Meteoro, pasó a utilizar los silos cerealeros de la manera en que lo hace en la actualidad. Entre las décadas de 1950 y 60, hasta su cierre, era un paisaje singular el Bv. 25 de Mayo, con una gran cantidad de camiones con acoplados que, cargados de cereales, llegaban para descargar su riqueza en los silos para el posterior procesamiento en sus maquinarias. Lo mismo se apreciaba en las inmediaciones del molino Meteoro…”

Fuente: DIARIO DE LA HISTORIA (editado por la Fundación Archivo Gráfico y Museo Histórico de la Ciudad de San Francisco y la Región), 2018.-Centro de Estudios Históricos San Francisco
Fotografías: A.G.M.