Los días de Arturo Illia

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Celebrándose el 5 de agosto un nuevo aniversario del natalicio de Arturo Umberto Illia, en diálogo con Radio Estación 102.5, el profesor en Historia, Carlos A. Montiel, se refirió a su figura.

Montiel comenzó recordando que dicho personaje había nacido en 1900 en Pergamino, provincia de Buenos Aires, sus padres procedían de la Lombardía italiana y cursó su primario con los salesianos.

Se inclinó por los estudios de medicina que llevó adelante en universidad pública y el presidente Yrigoyen lo designó como facultativo en Cruz del Eje, donde pronto se ganó el buen nombre del vecindario que apreció su bonhomía y sencillez de hábitos. Desplazado por la revolución de 1930 la población realizó una colecta para comprarle una casa, actualmente museo, para que permaneciera en el lugar.

Fue el típico médico rural que no tuvo horario para la atención de sus pacientes, uno de los cuales recibió un tratamiento singular para la atención de su difteria. Superado el inconveniente y siendo el beneficiado hombre de dinero le obsequió un viaje a Europa, oportunidad en la que tomo contacto con el fascismo de la época. Observando las características de Hitler y Mussolini repudió su manejo de las masas y el adoctrinamiento que llevaba consigo.

Retornado al país fue llamado por Sabattini, médico como él, a las filas del radicalismo, ocupando cargos de relevancia. Con el peronismo en el poder integró como legislador nacional el bloque que en el parlamento argentino resistió infructuosamente su avance. Los avatares de la política lo llevaron a ganar más adelante la gobernación de Córdoba, en comicios que fueron dejados sin efecto. En 1963, con el peronismo proscripto, fue ungido Presidente de la Nación por el Colegio Electoral, siendo su vice el entrerriano Carlos Perette. En esos momentos coexistían tres mandatarios: Arturo Frondizi que había sido depuesto, José María Guido que llevó adelante el período que restaba y quien había resultado electo.

Su gestión entre 1963 y 1966 sufrió desde sus inicios duros embates del sector militar que apoyó e impuso luego en su lugar a Juan Carlos Onganía, rechazando el envío de tropas a Santo Domingo en adhesión a los contingentes americanos de ocupación. Asimismo, enfrentó duras negociaciones con los Estados Unidos en razón de la promesa electoral de su partido tendiente a la anulación de los contratos petroleros, como así también de los laboratorios a los que requirió precisiones sobre los fármacos y sus movimientos económicos. La prensa escrita lo atacó desde sus inicios tildándolo de “tortuga” y lo presentó dándole de comer a las palomas que abundaban en Buenos Aires. No obstante sus progresos en el plano económico, la CGT en su mayoría peronista, lanzó un Plan de lucha que lo desgastó. En esos tiempos apareció en el norte la guerrilla, comandada por un segundo de Ernesto Guevara. Mientras tanto en el Parlamento existía una representación política pluralista lo que dificultaba la salida de las leyes. Uno de sus logros fue obtener de Naciones Unidad una resolución que invitaba a Argentina y Gran Bretaña a iniciar negociaciones sobre las Islas Malvinas, precedente de gran valía.

El Presidente, que por primera vez utilizó un traje de calle para su asunción y un bastón de mando prestado, vivía de lunes a viernes en la Casa de Gobierno, almorzaba frugalmente, hacía una siesta de 45 minutos, y reservaba los fines de semana para la quinta de Olivos.

No desconocía el poder de sus enemigos pero se negó a tomar medida alguna contra ellos, advirtiendo que los cuarteles y las manzanas que rodeaban a la Casa Rosada eran sus adversarios de peligro. Todo ello se agravó cuando las elecciones de medio término dieron como ganador al peronismo. Su líder emprendió viaje de regreso al país, había sido depuesto en 1955, y no pudo llegar porque el gobierno de Brasil, a pedido argentino, impidió que siguiera viaje, justificándose que ello originaría la automática caída del gobierno.

Finalmente un anunciado golpe lo desalojó, Illia apostrofó a los militares que llegaron a la Rosada con tal propósito, les dijo que nada tenían que ver con el Ejército Argentino, que él era el Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas y tenía la convicción que no podrían explicar ante sus hijos los lamentables hechos que estaban sucediendo. Razón tuvo porque varios de ellos lo hicieron tiempo después.

Detalló escrupulosamente sus pertenencias, devolvió todos los fondos reservados habituales en los primeros magistrados, carecía de automóvil porque lo había vendido para costear la enfermedad de su mujer y porque los recursos del país no estaban para solucionar problemas particulares.

Retornó a Cruz del Eje con la modestia que siempre lo caracterizó, rechazando la jubilación de privilegio asignada a los mandatarios.

Mientras la violencia se entronizaba en el país.

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