«Manteca» Iturburu: más de 15 años haciendo del juego una forma de trabajo

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Para Martín “Manteca” Iturburu, trabajar con niños no es solamente una actividad laboral. Desde hace más de 15 años se dedica a organizar cumpleaños, eventos y distintas propuestas para chicos y chicas, una tarea que descubrió casi por casualidad y que con el tiempo terminó convirtiéndose en una verdadera vocación.

Sus primeros pasos estuvieron vinculados al turismo y a la coordinación de viajes, pero fue allí donde descubrió que trabajar con niños era lo que realmente disfrutaba. A partir de entonces comenzó a formarse por su cuenta y sumó herramientas relacionadas con el teatro, los malabares y los juegos.

Manteca reconoce que no es profesor de Educación Física, aunque desde chico siempre estuvo ligado al juego y a las actividades recreativas. Con el tiempo fue armando sus propias propuestas y una especie de “carpeta de juegos” que hoy utiliza para adaptarse a cada evento y a cada grupo.

Una profesión que todavía disfruta

Después de tantos años, una de las preguntas que aparece naturalmente es si alguna vez la intensidad de los niños y la responsabilidad de su trabajo lo cansó. Su respuesta es contundente: “No me saturo porque amo el trabajo que tengo”. Y esa pasión, según explica, es la que le permite sostener el ritmo incluso cuando las actividades demandan mucho esfuerzo físico.

“Me dan fuerza, energía, esa buena vibra para hacerlo y para no cansarme”, aseguró en diálogo con Radio Estación. Claro que el cansancio existe, especialmente porque su trabajo implica correr, jugar y estar permanentemente en movimiento, pero asegura que la alegría con la que encara cada actividad termina haciendo que ese esfuerzo pase a un segundo plano.

Del salón al colectivo

El trabajo de Manteca tampoco se limita a los cumpleaños. Durante más de ocho años se desempeñó de manera intensa como coordinador de viajes de egresados, especialmente con alumnos de primaria. Aunque en algún momento intentó alejarse de esa actividad, admite que le cuesta abandonarla.

“Siempre le digo a todos los guías en los restaurantes donde voy que va a ser mi último año de coordinador de viajes y sigo coordinando viajes. Es como que no lo puedo soltar tampoco”, contó entre risas.

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Entre los destinos que más recuerda aparece Carlos Paz, al que considera su lugar preferido después de San Francisco. Allí acompañó a numerosos grupos de chicos de la ciudad y la zona. Para él, coordinar un viaje implica una enorme responsabilidad, pero también una experiencia que se disfruta desde adentro.

“En el momento que ya no lo disfrutabas, no lo tenías que hacer más”, explicó al recordar una frase que compartía con otros coordinadores. La tarea exige cuidar a los chicos, cumplir horarios y respetar cada actividad, pero también permite compartir juegos, historias y anécdotas que terminan convirtiéndose en parte de la experiencia.

El desafío de entretener en tiempos de pantallas

Uno de los cambios que encontró a lo largo de sus años de trabajo tiene que ver con la atención de los chicos. Las nuevas generaciones conviven permanentemente con celulares, redes sociales y otras formas de entretenimiento, por lo que mantenerlos concentrados durante mucho tiempo puede resultar más difícil.

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“Antes yo a lo mejor podía hacer un juego que duraba dos horas y lo hacíamos. Hoy a lo mejor en esas dos horas hay que ir cortando, hay que hacer juego cada 10 minutos, cada 15”, explicó.

Sin embargo, Manteca sostiene que hay algo que no cambió: los chicos siguen queriendo jugar. La clave está en encontrar la manera de llegarles y ofrecerles propuestas que despierten su interés.

“Con una soga y un globo vos podés hacer un juego y ellos lo van a disfrutar”, afirmó. Para él, no se trata necesariamente de competir contra la tecnología, sino de encontrar un equilibrio.

Y esa idea también alcanza a los adultos. Según su experiencia, cuando se les brinda el espacio, los grandes también terminan sumándose a las actividades. Porque, para Manteca, el juego no tiene edad.

Después de más de 15 años, su mensaje sigue siendo tan sencillo como el trabajo que eligió: “Que juguemos, que disfrutemos, que salgamos un poquito más y que la pasemos bien”.

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