La muerte súbita, un fenómeno que a menudo sorprende por su carácter inesperado, puede afectar a cualquier persona, incluso a individuos aparentemente sanos.
Así lo explicó, en diálogo con Radio Estación 102.5, el cardiológo Dr. Juan Pablo Ricart: “La muerte súbita es una muerte inesperada. Resulta en una persona que no está con alguna condición en la cual se espera que pueda tener un episodio de este tipo”.
El especialista destaca que, en el contexto deportivo, este tipo de muertes suele ocurrir durante la actividad física o hasta una hora después de la misma: “En estos casos se considera que está relacionada con la actividad física o el deporte que se está realizando”.
Ricart señala que la prevalencia y causas de la muerte súbita varían según la edad.
En adultos mayores de 35 a 40 años, está más asociada a la enfermedad aterosclerótica y a factores de riesgo clásicos como tabaquismo, sedentarismo, obesidad, diabetes, hipertensión y dislipemia. En deportistas jóvenes y adolescentes, las muertes súbitas suelen estar vinculadas a problemas cardíacos genéticos o hereditarios.
“Estos problemas se pueden prevenir mediante exámenes médicos y los deportistas deben hacerlo previo a iniciar su participación en la actividad que realizen», indicó. El especialista recomendó la evaluación cardiovascular pre-participación para todos los deportistas: “Lo más adecuado es hacer un electrocardiograma que está disponible. Después, dependiendo de la edad, la intensidad del ejercicio o la competencia, se pueden ver decisiones más complejas, como la ergometría y el ecocardiograma”. Esta evaluación ayuda a detectar posibles alteraciones cardíacas que podrían poner en riesgo la vida de los atletas.
Por otro lado, enfatiza la importancia de las maniobras de reanimación cardiopulmonar (RCP) y de los desfibriladores automáticos externos (DEA), especialmente en espacios de alta concurrencia y en instalaciones deportivas.
“Deberíamos todos tener una capacitación en RCP y los DEA también deberían estar disponibles, lo más cerca posible, especialmente en lugares de mucha concurrencia,”, recalcó.
Respecto a la diferencia entre un chequeo médico general y uno deportivo, Ricart explicó: “Tenemos que tener conocimiento de qué tipo de deportes se va a realizar, de qué exigencia va a tener y conocimiento de aquellas enfermedades cardiovasculares que pueden ser potencialmente mortales ante una eventualidad como la que estamos planteando ahora”.
El médico también identificó los síntomas de alerta que deben llamar la atención: “Los síntomas más importantes en adultos son el dolor de pecho y la falta de aire inexplicada. En jóvenes pueden aparecer mareos o desmayos que podrían estar atribuidos a una arritmia, que en ocasiones puede preceder a un episodio como estos”.
Ante la circulación de rumores en redes sociales sobre la relación entre las vacunas contra COVID-19 y la muerte súbita, el Dr. Ricart fue categórico: “Hasta ahora, por los estudios y registros que se han hecho en forma internacional, no hay relación directa entre la vacunación contra el COVID y la muerte súbita que se ha relacionado con el deporte, más que todo en individuos sanos y deportistas”.
En cuanto a la prevención en Argentina, el cardiologo destacó varias áreas de mejora: “Nos faltan capacitación a nivel general poblacional de maniobra de resucitación cardio-coronal, disponibilidad de desfibriladores automáticos en lugares muy concurridos, y la evaluación pre-participación deportiva universal y bien equitativa para todos los deportes y deportistas que tenemos en el país”.
Ricart anunció la creación de un registro nacional de paros cardíacos y muertes súbitas relacionadas con el deporte, que será lanzado el 1 de noviembre con el objetivo de contar con datos propios y tomar medidas preventivas más precisas.
Finalmente, sobre la percepción de un aumento en la muerte súbita, Ricart subrayó que no hay cifras locales confiables: “A nivel internacional siempre se mantenía más o menos igual la muerte súbita relacionada al deporte. A veces sucede que se juntan varios de estos episodios y nos parece que hay un aumento, pero no lo sabemos con realidad. Por eso es de máxima importancia tener datos propios de esto para poder corroborar si realmente hay un aumento y a qué se debe”.
En conclusión, según el Dr. Ricart: «La muerte súbita “es impredecible, pero no inevitable. Podemos tener acciones de prevención, como la evaluación pre-participación, donde se disminuye el riesgo, pero siempre va a haber algunas enfermedades ocultas que no podemos detectar. Sin embargo, podemos salvar vidas gracias a la RCP y a los desfibriladores automáticos”.





