Dengue: la prevención es clave para evitar nuevos brotes en el país

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Los especialistas advierten sobre el avance del dengue en Argentina y destacan la importancia de reforzar la vigilancia, eliminar criaderos del mosquito, utilizar medidas de protección y evaluar la vacunación según el contexto epidemiológico.

El dengue dejó de ser una enfermedad asociada exclusivamente a las regiones tropicales y se convirtió en uno de los principales desafíos sanitarios a nivel mundial. Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), los casos registrados pasaron de alrededor de 500.000 en 2000 a 14,6 millones en 2024, en un contexto marcado por cambios climáticos, crecimiento urbano y mayor movilidad de la población.

Argentina también atraviesa esta problemática. La temporada 2023-2024 fue la epidemia de dengue más grave registrada en el país, con más de 580.000 casos confirmados y 419 muertes. Además, en los últimos años se observó una expansión geográfica de la circulación del virus y períodos más prolongados en los que se presentan condiciones favorables para la reproducción del mosquito.

El riesgo en el norte argentino

El Noreste Argentino (NEA) y el Noroeste Argentino (NOA) continúan siendo regiones especialmente expuestas debido a sus condiciones climáticas, la circulación de personas y la cercanía con países donde el dengue tiene una presencia sostenida.

La movilidad vinculada con actividades productivas, entre ellas la minería y el desarrollo energético, también genera desplazamientos de trabajadores entre distintas localidades y provincias, un factor que puede favorecer la circulación del virus.

A esto se suma la extensa frontera del norte argentino con Paraguay, Bolivia y Brasil, países donde el dengue circula de manera persistente y existe un importante movimiento de personas.

Los especialistas también analizan el impacto que pueden tener los fenómenos climáticos. Las lluvias intensas y las inundaciones pueden generar nuevos espacios con agua acumulada, favoreciendo la reproducción del Aedes aegypti, mosquito transmisor del dengue.

Sin embargo, la falta de lluvias también puede representar un riesgo indirecto. Ante períodos de escasez de agua, algunas familias pueden almacenar el recurso en recipientes que, si no están correctamente tapados o mantenidos, pueden transformarse en criaderos del mosquito.

La prevención, una herramienta fundamental

El médico infectólogo Tomás Orduna, consultor de Medicina Tropical del Hospital Muñiz, explicó que para analizar el riesgo no alcanza con considerar únicamente la presencia del mosquito.

El especialista señaló que la combinación de movilidad poblacional, expansión de actividades productivas, eventos climáticos extremos y dificultades para acceder rápidamente al sistema de salud puede aumentar la vulnerabilidad de determinadas comunidades.

En la misma línea, la infectóloga Susana Lloveras, jefa de la Sección Zoopatología Médica del Hospital Muñiz, destacó que en algunas zonas del norte argentino coinciden circulación viral, desplazamientos de trabajadores y condiciones climáticas que pueden favorecer la transmisión.

Ante este escenario, los especialistas remarcan que la prevención debe comenzar antes de los períodos de mayor actividad del mosquito.

Entre las principales medidas se encuentran la eliminación de recipientes que acumulen agua, la limpieza frecuente de patios y espacios exteriores, el mantenimiento de tanques y reservorios, el uso de repelente y mosquiteros y la consulta médica ante síntomas compatibles con la enfermedad.

También resulta fundamental fortalecer la vigilancia epidemiológica para detectar rápidamente la circulación del virus y permitir una respuesta sanitaria adecuada.

La vacunación contra el dengue

Otra de las herramientas disponibles es la vacunación. En Argentina está aprobada por la ANMAT una vacuna tetravalente contra el dengue para personas a partir de los cuatro años.

El esquema contempla dos dosis con un intervalo de 90 días y busca generar protección frente a los cuatro serotipos del virus: DENV-1, DENV-2, DENV-3 y DENV-4.

La vacuna fue desarrollada por Takeda y fue evaluada en estudios clínicos realizados en distintos países. Según los datos citados en el informe, después de 4,5 años, dos dosis mostraron una eficacia del 61,2% para prevenir casos de dengue confirmado virológicamente y una reducción del 84,1% en las hospitalizaciones asociadas a la enfermedad.

La decisión de vacunarse debe contemplar las características individuales y la situación epidemiológica de cada región. Los especialistas plantean que las estrategias de inmunización pueden tener especial importancia en zonas con mayor circulación del virus, una carga elevada de casos y dificultades para acceder rápidamente a los servicios de salud.

Un desafío que requiere prevención sostenida

El dengue continúa representando un desafío para el sistema sanitario argentino y su comportamiento está condicionado por múltiples factores ambientales, sociales y epidemiológicos.

Por eso, los especialistas coinciden en que ninguna medida por sí sola alcanza para controlar la enfermedad. La eliminación de criaderos, la vigilancia, el diagnóstico temprano, las medidas de protección personal y la vacunación, cuando corresponda, deben formar parte de una estrategia integral.

Con el antecedente de la fuerte epidemia registrada en Argentina y la posibilidad de que las condiciones ambientales favorezcan nuevamente la presencia del mosquito, la prevención durante los meses previos a la temporada de mayor circulación resulta clave para reducir el impacto de nuevos brotes.

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