En un fallo con una impronta humana sin precedentes, el juez Andrés Peretti adaptó un proceso de adopción plena para una niña con hipoacusia y retraso madurativo. El uso de lenguaje claro y la presencia de su intérprete personal transformaron un expediente frío en un acto de amor y comprensión.
La justicia, a menudo percibida como un laberinto de términos en latín y expedientes interminables, mostró esta semana su rostro más humano en los tribunales de nuestra ciudad. El protagonista de esta historia no es solo un magistrado, sino el derecho de una niña de 10 años a entender, con sus propios tiempos y lenguajes, que su vida estaba cambiando para siempre.
En una entrevista con Radio Estación 102.5, el Dr. Andrés Peretti detalló los pormenores de este proceso de adopción plena, donde los vínculos biológicos se sustituyen por la socio-afectividad, ese lazo que se construye con el cuidado diario y el afecto elegido.
La niña en cuestión presentaba un cuadro complejo, hipoacusia, trastorno por déficit de atención y retraso madurativo. Ante este panorama, el juzgado decidió que el procedimiento no podía ser una formalidad escrita más. Se optó por la oralidad total.
«La oralidad permite la inmediación. Tenemos contacto directo y real no solo con la niña, sino con los pretendientes adoptantes y los testigos. Da una idea de justicia mucho más cercana», explicó Peretti.
Pero el juez fue más allá. Sabiendo que las palabras técnicas podían ser una barrera, implementó el «Lenguaje Claro» y la «Lectura Sencilla». Se terminaron los términos complejos; la sentencia se redactó pensando en que su destinataria pudiera «aprehenderla», en el sentido más profundo de la palabra.
Uno de los puntos más destacados fue la participación de Silvana Guadalupe Olocco, la intérprete de lengua de señas personal de la niña. A diferencia de lo que dicta el protocolo habitual —que suele convocar a peritos oficiales desconocidos—, el tribunal permitió que la niña estuviera acompañada por la profesional con la que realiza sus tratamientos diarios.
La flexibilidad llegó a tal punto que Silvana ingresó al despacho del juez durante el «cuarto intermedio», un momento que por ley es estrictamente reservado para el magistrado y su secretario. Allí, juntos, terminaron de moldear las palabras de la sentencia para que fueran accesibles y cálidas.
Si bien existen antecedentes de adaptaciones judiciales en Córdoba, este caso en San Francisco se alinea con el proyecto AJUV (Acceso a la Justicia de Personas Vulnerables), un programa de avanzada en nuestra provincia que busca derribar las estructuras rígidas del Poder Judicial.
«Si las personas no entienden qué es lo que pasa, el procedimiento no tiene impacto real», reflexionó el magistrado. El fallo no solo otorga una familia legal, sino que valida la identidad y las necesidades especiales de la menor.
Este caso sienta un precedente vital para nuestra región y el país. La ley no tiene por qué ser fría si el objetivo es proteger el futuro de un niño. En San Francisco, esta vez, la justicia se dijo con las manos y se sintió con el corazón.
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