Terremotos en Venezuela: el tiempo para hallar más sobrevivientes se acaba y estallan brotes de furia por la falta de ayuda estatal

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En Catia La Mar, dentro de La Guaira, los propios vecinos interceptan camiones con maquinaria para que vayan a remover escombros.

A más de 96 horas de los dos terremotos simultáneos que golpearon a Venezuela, la esperanza de encontrar personas con vida languidece y el dolor de los sobrevivientes se transforma en rabia ante la falta de respuesta gubernamental. Las autoridades venezolanas confirmaron 1.450 muertos, 3.150 heridos y más de 70 mil desaparecidos, concentrándose la mayor emergencia en la región costera de La Guaira, a 26 kilómetros de Caracas. En localidades como Catia La Mar y Playa Grande, la devastación es absoluta: edificios enteros colapsaron, los comercios exhiben pintadas que dicen «Ya fui saqueado» y la zona se encuentra militarizada por la Guardia Nacional Bolivariana (GNB).

En medio del caos y el olor a putrefacción que torna el aire de la costa casi irrespirable, la población se autoconvocó como voluntarios para remover escombros de estructuras inestables. Ante la desesperación y la escasez de asistencia estatal, grupos de vecinos llegaron a pararse frente a camiones con maquinaria pesada en las avenidas principales para desviar los vehículos y obligarlos a trabajar en los puntos donde aseguran que todavía se escuchan voces atrapadas. Testimonios locales, como el de Donis Álvarez, denuncian promesas incumplidas por parte de los funcionarios y la falta de suministro básico de alimentos, subsistiendo únicamente gracias al agua y la comida que acercan grupos religiosos.

Pese a que el régimen flexibilizó el acceso a la prensa extranjera permitiendo la cobertura de más de 700 periodistas, las operaciones de rescate en el terreno ya entran en la categoría de «milagro». Actualmente, más de 20 países —incluida la Argentina— han enviado ayuda humanitaria, y un total de 2.741 rescatistas internacionales trabajan contrarreloj junto a los equipos locales en un escenario crítico, donde la falta de equipamiento pesado en los barrios más vulnerables acelera los brotes de furia social a medida que se apagan las últimas señales de vida bajo las ruinas.

70 mil desaparecidos y se siguen buscando sobrevivientes a 4 días de los sismos

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