El espectáculo, según el obispo, «ha despertado tristeza, bronca y repudio. Justamente».
Monseñor Sergio Buenanueva, obispo de San Francisco, expresó su descontento y preocupación respecto a un cuadro viviente presentado en la inauguración de los Juegos Olímpicos de París.
«¿Evocación de la ‘Última Cena’ de Da Vinci?, ¿parodia de la Última Cena de Jesús?, ¿ambas cosas?», reflexionó Buenanueva, aludiendo a la polémica obra realizada por personas representativas de la ‘diversidad’.
Buenanueva destacó que no es sorprendente que eventos deportivos, que deberían exaltar valores positivos, sean utilizados por ideologías dominantes para imponer sus visiones culturales, filosóficas y políticas.

«Ya ha pasado en otras ocasiones y, seguramente, seguirá pasando», añadió, haciendo un llamado a la lucidez y el pensamiento crítico. Exhortó a no dejarse influenciar negativamente por estas manifestaciones y a evitar caer en extremismos.
Monseñor Buenanueva se refirió también al humanismo secular y su laicidad negativa, sugiriendo que «suele producir este tipo de cosas». En contraposición, citó las enseñanzas de Benedicto XVI sobre el humanismo cristiano, que promueve una apertura a la trascendencia de la verdad y de Dios.
El obispo advirtió sobre los peligros de una doble cerrazón, tanto a Dios como a los demás, acompañada de un sentido de superioridad ética y cultural, que a menudo lleva a la incomprensión de las culturas religiosas y a la provocación deliberada.

Recomendó a los católicos mantener la crítica, pero también tender la mano, razonar con serenidad y ampliar los espacios de la razón para mejorar la convivencia humana.
Recordó que la fe cristiana, sus símbolos, ritos y conceptos han sido objeto de crítica y burla desde el principio, pero destacó que las mejores respuestas han combinado repudio firme, uso sabio de la razón y la palabra, junto con paciencia, perdón y buen humor.
Finalmente, Monseñor Buenanueva afirmó que quienes usan la sátira se sienten con derecho a provocar, y que los cristianos también tienen derecho a responder usando los medios que la razón y la justicia ofrecen. «Es justo que expresemos públicamente nuestro repudio, indignación y tristeza», concluyó.





