De la soledad del campo a los grandes escenarios: la historia de Jorge «Cuti» Barbosa

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El cantor que se crió entre tareas rurales y caballos repasó su carrera. Desde aquel debut impulsado por un amigo cuando era técnico de Baby Fútbol, pasando por el éxito en Cosquín y Jesús María, hasta su presente renovado en las sierras cordobesas.

Aunque el camino hacia el escenario haya sido largo y lleno de pudor. Jorge «Cuti» Barbosa es uno de esos casos. En una entrevista cargada de nostalgia y presente, el reconocido artista local visitó los estudios de Radio Estación para contarnos cómo aquel niño que cantaba «para las soledades del campo» terminó vibrando en los estadios más grandes del folklore nacional.

«Cuti» —apodo que le puso su padre de chiquito— se crió en la zona rural de San Francisco y en el oeste bonaerense. «A los 8 o 9 años andaba a caballo trabajando y cantaba para mí. Me fui impregnando del folklore en mi casa; mi mamá y mi papá cantaban», recordó. Sin embargo, a pesar de tener el talento en la sangre, el miedo al público lo mantuvo alejado de las luces por años.

Fue recién en 1998 cuando un asado en el club de Baby Fútbol de River cambió todo. Pedro Ordóñez, colega y amigo, lo escuchó y no paró hasta convencerlo. «Mirá lo que no pudo mi papá, lo consiguió él», bromeó Barbosa. Así nació el dúo Canto Compartido, marcando un antes y un después.

Sin haber estudiado canto ni guitarra formalmente, confía en su oído y en lo que llama «la mano de Dios». Su carrera despegó con hitos que cualquier músico envidiaría.

  • Pre-Cosquín 2000: Ganó en tres categorías (Dúo Vocal, Canción Inédita y Solista) en una misma noche en Sportivo Belgrano.

  • Jesús María (2011): Llegó a la final y cantó en el anfiteatro José Hernández. «Sentías la vibración del sonido en la planta de los pies, una satisfacción inmensa», describió.

  • Espectáculos Callejeros de Cosquín: Con el grupo La Marca, entre 450 participantes, lograron quedar entre los 10 finalistas con apenas meses de formación.

Hoy, la vida de Cuti Barbosa luce muy diferente. Tras jubilarse y cerrar su etapa como comerciante, decidió mudarse a Santa María de Punilla. Pero el cambio no fue solo de domicilio, después de toda una vida usando el pelo largo, hace apenas 20 días decidió cortárselo, simbolizando una nueva etapa.

Aunque vive a pasos de la «Capital del Folklore», Cuti se anima ahora a explorar su otra pasión, la música melódica. «La gente siempre me conoció por el folklore, pero siempre me gustó lo melódico. Ahora conseguí un lugar donde me siento cómodo y canto lo que me gusta», confesó.

Pese a estar radicado en las sierras para estar cerca de sus nietos, Cuti no olvida sus raíces y vuelve una vez al mes a San Francisco para recargar energías y visitar a su familia. Un artista que supo evolucionar sin perder la esencia de aquel niño que, hace décadas, le cantaba al campo.

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