El cantautor Rubén “Culi” Taborda recorrió su historia personal y artística, marcada por la danza, el folklore, la experimentación musical y una mirada abierta sobre la cultura popular.
En diálogo con Radio Estación 102.5, con un tono íntimo y reflexivo, habló de sus comienzos, de los cambios que atravesó el folklore argentino y del presente creativo que lo encuentra con un nuevo disco ya disponible en plataformas digitales.
Taborda comenzó relatando el contexto personal en el que transita el cierre del año: “Estoy terminando un año cuesta arriba por cuestiones familiares, pero bien porque dejamos atrás una etapa oscura”, afirmó, y agregó una definición que atravesó toda la charla:
“Cuando uno tiene la oportunidad de un día más no hay más nada que pedir, lo demás es absolutamente obsoleto”.
Su vínculo con la música no empezó con la guitarra, sino con el cuerpo. “Yo en realidad vengo de la danza”, explicó. Desde muy chico, en Devoto, comenzó a estudiar folklore en una época en la que no era habitual que los varones se acercaran a ese mundo. “Todo mi conventillo iba al fútbol, pero a mí siempre me gustó bailar”, recordó. En su familia, el baile y la música eran parte de la vida cotidiana: tangos, folklore y reuniones familiares donde el arte circulaba de manera natural.
Aunque hoy es reconocido como cantautor, Taborda aclaró que su primer instrumento fue el bombo. “Mi instrumento en realidad es el bombo, no la guitarra”, dijo. La guitarra llegó más tarde, casi por necesidad. “Tuve que aprender a tocarla para no depender de alguien, pero después la guitarra te chupa y no te suelta más”, confesó.
Durante su infancia y adolescencia cantó en actos escolares y participó activamente en el ámbito artístico local. Su formación, según explicó, fue más del escenario que de la academia.
Uno de los tramos centrales de su recorrido fue su paso por una orquesta tropical, experiencia que marcó un quiebre respecto de su raíz folklórica. Durante once años integró una formación que lo obligó a adaptarse a otros lenguajes musicales. “Fue un desafío muy grande, pero una experiencia hermosa”, resumió. Esa etapa amplió su mirada y reforzó una idea que sostuvo a lo largo de su vida: la música no debe encasillarse.
Al hablar del folklore, Taborda fue claro al describir los cambios que vivió y defendió. Recordó el impacto de artistas como Jacinto Piedra y Peteco Carabajal, que rompieron con la imagen tradicional del gaucho sobre el escenario. “Viví el cambio de gente que empezó a mostrarse tocando folklore sin vestirse de gaucho, como se vestían cotidianamente, y eso fue muy criticado”, explicó. Para él, ese proceso fue similar al que impulsó Astor Piazzolla en el tango: llevar una música popular a un nivel universal.
“El concepto de folklore tradicional como algo de museo está mal utilizado”, afirmó.
“Tiene que evolucionar y acompañar”, sostuvo, y puso como ejemplo el presente: peñas llenas de jóvenes, familias bailando juntas y una escena viva que convoca a públicos diversos. “Hoy la gente va a la peña tambien a bailar, no solamente a escuchar”, destacó.
En ese contexto se inscribe su trabajo con Cantorcitos, un proyecto colectivo que lo mantiene activo en peñas, festivales y espacios educativos. Sobre ese recorrido, subrayó el valor del anonimato popular. “Cuando el anonimato ya es parte del pueblo, está buenísimo. La canción ya es del pueblo”, expresó.
Como cantautor, Taborda reflexionó sobre la escritura y los cambios en la composición:
“Trato de volver a darle valor a la palabra”, afirmó. “Sin querer, lo que escribo tiene que ver con la danza. Es lo más genuino que puedo ofrecer”, aseguró.
Además recordó su participación en un espectáculo presentado en el marco de las Galas de Julio. Allí, la música se cruzó con un momento personal muy delicado. “Era la etapa más crítica de mi situación familiar, y el arte siguió salvando”, dijo. Recordó haber ensayado en una clínica y el impacto emocional de subir al escenario: “Me emocionó entrar y ver todo ese mundo. Canté con el corazón”.
Finalmente, anunció la digitalización y publicación de su disco solista, una obra integral de diez canciones grabada con numerosos músicos invitados. “Fue una locura, un primer disco como solista, bien vieja escuela”, comentó.
Su álbum, que reúne historias del interior, homenajes a personas y vivencias, ya se encuentra disponible en Spotify y otras plataformas.
Con una trayectoria que cruza generaciones, estilos y escenarios, Rubén “Culi” Taborda reafirma una idea que atraviesa su vida artística: la cultura se hereda, se transforma y se comparte. Y, como él mismo dijo, “eso es lo tradicional: transmitir lo heredado, porque no es de uno, es de todos”.



