En una profunda charla con Radio Estación, el reconocido psiquiatra y psicoanalista analizó el acoso escolar, el agobio de los docentes ante la falta de límites y la aparición del «mobbing», el hostigamiento que pisa fuerte en el ámbito laboral.
Los estudios de Radio Estación 102.5 recibieron una visita siempre necesaria para reflexionar sobre los comportamientos que nos marcan como comunidad. El Dr. Osvaldo Rubiolo, médico psiquiatra y psicoanalista, dialogó mano a mano sobre una problemática que lejos de ser una moda pasadera, se mantiene como un flagelo silencioso pero destructivo: el bullying.
«Nosotros que estamos sentados en el consultorio lo vemos permanentemente», arrancó señalando el profesional para derribar el mito de que existen temporadas altas y bajas para el acoso. «Creo que es un continuo desde que nuestra sociedad se ha tornado más violenta. Esa violencia, como siempre digo, en uno de los primeros lugares donde se ve, siempre es en el colegio», sentenció.
Al indagar sobre las causas que llevan a un niño o joven a transformarse en un hostigador, el doctor Rubiolo apuntó de lleno al seno familiar y al contexto socioeconómico actual. Explicó que los agresores suelen ser chicos «más rebeldes, más violentos, más impulsivos, más agresivos», que eligen como blanco a compañeros «más retraídos, más callados«, quienes por lo general «suelen ser muy responsables y buenos alumnos».
Respecto al origen de ese enojo, el especialista distinguió dos realidades muy claras en los hogares:
«O tienen un padre o una madre que son muy agresivos y ellos replican el mismo formato, la misma manera, o realmente están totalmente solos, desamparados».
«En esta situación social y económica que estamos viviendo, los padres tienen que trabajar mucho, los dejan muy solos a los hijos… Entonces los padres llegan cansados, no dan más. Cuando el chico pide algo, o no le contestan o le dicen a todo que sí. Y el chico no es bueno que le digan a todo que sí», advirtió Rubiolo, remarcando que en el fondo los jóvenes buscan límites, ser guiados, escuchados y contenidos. Cuando eso falta, «descargan su malestar en la casa y también en el colegio».

El psiquiatra describió además la dinámica del acoso, donde interactúan tres roles: los violentos (que suelen actuar «en manada», en grupos de 4 a 6 personas), la víctima y los espectadores, quienes «no hacen nada por temor a estos violentos». Los pretextos para el ataque son infinitos: el peso, la estatura o simplemente «porque a una niña le están saliendo granitos en la cara». Los efectos de esta agresión sistemática, que muchas veces escala de lo verbal a lo físico, son devastadores: «A la víctima generalmente le suelen dejar un trauma a largo plazo, que en algún momento va a tener que buscar ayuda para resolverlo».
Una de las facetas más preocupantes expuestas por el doctor es la violencia que ahora se ejerce desde los alumnos hacia los propios educadores.
«Los alumnos ya se han dado cuenta que los docentes están como, yo diría, maniatados, y atados a no poder hacer absolutamente nada», graficó, describiendo aulas con estudiantes que insultan, usan auriculares, se dejan las capuchas puestas o juegan con el teléfono permanentemente.
Esta alarmante falta de herramientas y de respaldo institucional está generando consecuencias críticas en el sistema educativo local y provincial:
«El agotamiento, el estado de burnout que vemos en los docentes es muy grande y los que están por terminar no ven la hora de jubilarse… Nos vamos a quedar sin maestros».
El especialista lamentó que, ante cualquier llamado de atención, los padres suelan acudir al colegio a recriminar al profesor, resultando este último el único sancionado. A esto se suma que «siguen trabajando en su casa por un sueldo realmente miserable» y terminan costeando de sus propios bolsillos fotocopias o insumos para los festejos escolares.
Para Rubiolo, exalumno y profesor de la Universidad Nacional de Córdoba, la crisis educativa obliga a un replanteo estructural y urgente, adaptado a los tiempos tecnológicos actuales: «Tenemos una educación que se está repitiendo de hace tantísimas décadas y no se está adecuando a la velocidad que va cambiando la sociedad». Cuestionó si se está preparando a los jóvenes para la subsistencia libre e independiente o «le estamos dando de alguna manera solamente material para que sean pobres».
Finalmente, el profesional advirtió que este esquema de opresión ya no es exclusivo de las escuelas, sino que se ha trasladado con fuerza al mundo adulto bajo un concepto técnico que empieza a resonar con frecuencia: el mobbing transversal descendente.
«Es una situación que la estamos viendo con mucha frecuencia, donde personas que tienen mucho poder de alguna manera desencadenan una actitud de acoso, de hostigamiento, de malestar, de desvalorización a los que están hacia abajo».
«Aquellos que tienen mucho poder les hacen sentir que son como los amos y los otros pasan a ser como esclavos. Y se quedan por la necesidad de un trabajo, por supuesto», concluyó Rubiolo, señalando que este silenciamiento por necesidad genera una violencia interna que tarde o temprano brota en los hogares en forma de irritabilidad y mal humor.
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