El médico psiquiatra Osvaldo Rubiolo advirtió que el video en el que una joven se ríe de las agresiones sufridas por otra compañera revela mecanismos perversos y una falta total de límites. Señaló a las familias y a la escuela como responsables de una violencia que puede escalar.
En una entrevista en los estudios de Radio Estación, el Dr. Osvaldo Rubiolo, médico psiquiatra, se detuvo en el caso que conmocionó a Catamarca: un grupo de jóvenes, de alrededor de 17 años, que durante el viaje de egresados sometió a una compañera a reiteradas agresiones —le tiraron cosas en la cabeza, la insultaron— y después una de ellas publicó un video íntimo de la víctima mientras se reía y gozaba de lo ocurrido.
“Es muy doloroso ver que una chica sacó un video viral y hablando, riéndose, disfrutando, gozando de la maldad que le habían hecho a otra chica”, describió el profesional. Para él, no se trata de una simple maldad juvenil. “Esto habla mucho más de cosas mucho más serias… ya ponen en marcha, ponen en juego, ejecutan lo que pensaron… y además esto de hacerlo público, de hacer un vídeo, es como que no tienen límites, se sienten como impunes. Yo puedo hacerle a esa persona cualquier cosa y destruirla totalmente. No pasa nada”.

Rubiolo explicó que quienes ejercen este tipo de bullying suelen provenir de familias “muy disarmónicas”, con padres separados, conflictos permanentes o violencia cotidiana. “La que hace bullying está acostumbrada a vivir en agresión”, afirmó. El objetivo, según el especialista, no es solo lastimar: es destruir moralmente. “Si se toca la moralidad, se toca la dignidad, se toca la nobleza de una persona y se rompe todo… Le generan un trauma… que esa chica se vea totalmente destruida”.
El psiquiatra fue más allá y habló de mecanismos psicopáticos: “Yo te daño, ¿por qué? Porque me gusta dañar y a mí no me va a pasar nada”. Criticó con dureza la falta de respuesta de las autoridades escolares y, sobre todo, de los padres. “Los padres que son los gestores de estas circunstancias, que le han dado lugar a esta hija de no ponerle los límites necesarios… no le pusieron los diques de contención”.
Para Rubiolo, el problema de fondo es la dilución de la función paterna y de los roles familiares. “Papá es papá y mamá es mamá… no son amigos”. Los límites, dijo, no son privaciones sino guías para evitar consecuencias peores. “El límite no es quitarle, no es prohibirle, es guiarlo para que después no tenga consecuencias nefastas”.
En la conversación también se extendió sobre una sociedad que parece haber perdido el sentido de los deberes y de la responsabilidad. “Hoy a qué se juega? A todo vale”. Recordó que “uno puede hacer de su vida lo que quiera… pero me tengo que hacer cargo de las consecuencias”. Y cerró con una idea que atraviesa toda su reflexión: los jóvenes que agreden de esta forma “no saben lo que es una frustración… son extremadamente egoístas, no son generosos, no son respetuosos… Es como la perinora, toman todo y no ponen nada”.
La charla terminó con un llamado claro: volver a poner límites, exigir responsabilidad a padres, escuelas y autoridades, y no permitir que la impunidad se convierta en la norma.





