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¿El fin del celibato? La escasez de curas abre el camino a los religiosos casados

Para algunos es apenas “un pasito” adelante, para otros el comienzo prudente de una revolución en la Iglesia, para los ultraconservadores y tradicionalista enemigos de Francisco es “un pretexto” a fin de contrabandear el fin del celibato obligatorio en el rito latino romano que representa el 90% del mundo católico. Oficialmente, la Iglesia, en presencia de una “emergencia sacramental” por la aguda escasez de sacerdotes en amplias zonas del mundo, como la inmensa Amazonia, estudia la posibilidad de que hombres maduros casados y con familia, de comprobada fe, pueden celebrar los sacramentos.

“Debemos analizar si los “viri probati” (del latín “hombres probados”) son una posibilidad”, afirmó el Papa argentino. Jorge Mario Bergoglio siempre ratificó que aunque no es un dogma de la Iglesia, está a favor del celibato obligatorio como un “don a la Iglesia”. Francisco sostiene que “el celibato libre no es una solución” “Debemos establecer cuáles tareas podrían asumir, por ejemplo, en comunidades aisladas. La Iglesia debe reconocer el momento justo en que el Espíritu pide algo”, agrega Bergoglio.

Los “viri probati” son una institución que se remonta al cristianismo primitivo. De los hombres ancianos casados de comprobada fe, que guían comunidades a menudo inaccesibles para los pocos sacerdotes de una diócesis, habla ya el Papa Clemente en el primer siglo de nuestra era.

Los “viri probati” fueron decayendo en el primer milenio cristiano. Pero en 1206 Inocencio III echó mano a ellos “para predicar contra la herejía donde haya escasez de clero”.

El Concilio Vaticano II incluyó en un documento la cuestión pero no pasó nada. En el Sínodo de Obispos de 2005 algunos padres sinodales plantearon la posibilidad de utilizar a los “hombres probados” en las zonas donde escaseaba el clero, pero la asamblea decidió excluir el tema como “camino a no recorrer”.

Francisco cree que hay que estudiar el problema “sin cerrazón ni rigidez”, evitando lecturas instrumentales e ideológicas.

El gran promotor de los “viri probati” como una solución práctica a una situación dramática es desde hace años el cardenal brasileño Claudio Hummes, emérito de San Pablo, que ha cumplido 83 años y sigue en la brecha. Sentado junto a su amigo Jorge Bergoglio, cuando al argentino lo hicieron Papa le dijo: “No te olvides de los pobres”. Fue prefecto para la Congregación del Clero en el Vaticano, un “ministerio” muy importante.

Francisco lo llamó una vez “un grande” y lo ha nombrado presidente de la red eclesial Panamazónica, que abarca los ocho países que ocupan el enorme espacio de seis millones de kilómetros cuadrados del llamado “pulmón del mundo”, el más extenso territorio tropical del planeta.

Francisco quiere que sean las Conferencias Episcopales nacionales las que reclamen la utilización de los “hombres probados” a los que se encomendará la evangelización y la celebración de los sacramentos. También habrá que establecer facultades y límites.

La Amazonia es el lugar ideal para actuar “ad experimentum”. Hace dos años, el obispo de Kingú, Erwin Kaüller, de origen austríaco, le escribió al Papa desde la diócesis más extensa de Brail, pidiéndole que examinara la cuestión de los “viri probati”. El obispo contó las dificultades enormes que sufre para llevar la asistencia espiritual a 700 mil fieles en 800 comunidades, con solo 27 sacerdotes.

Los hombres capaces, maduros, ya ejercitan hoy una guía espiritual en sus comunidades. Los pocos curas que aparecen una, dos y tres veces al año bendicen las hostias que son después distribuídas en ceremonias.

Hummes recuerda siempre que el celibato obligatorio es una disciplina y no un dogma de la iglesia. “Sabemos que muchos de los apóstoles eran casados. La Iglesia moderna debe tener en cuenta este aspecto si querrá seguir al paso con la historia”, afirma.

En 2019 tendrá lugar el Sínodo de la Panamazonia, convocado por el Papa, que abordará sin dudas la cuestión.

Algunos teólogos favorables al experimento con los “viri probati” recuerdan que en México más de 300 diáconos colaboran en las prácticas de asistencia espiritual, con el único vínculo de no poder celebrar la misa a los fieles. Son diáconos casados que ya han recibido una primera consagración”.

El actual “ministro” para el Clero del Vaticano, cardenal Beniamino Stella, que anunció el comienzo oficial del estudio de la cuestión de los “viri probati” recordó que una “perspertiva interesante” es la madurez y la responsabilidad de cada comunidad cristiana de la que pueden surgir los hombres maduros que, tras ser ordenados, “se ocuparían de garantizar la celebración eucarística (misas), el sacramento de la reconciliación y el sacramento de la unción de los enfermos” .

“Recibiendo la orden sacra, estos ancianos se convertirían en ministros de la santificación que comunica Cristo, dispensadores de sus misterios, puentes del encuentro con Ël y de su mediación entre Dios y los hombres”, señaló el cardenal Stella.

La hipótesis de los “viri probati”, agregó el “ministro” para el Clero del Papa, “representaría una vuelta al inicio del cristianismo”. “Cada comunidad apartada y a menudo casi inaccesible podría expresar a sus propios ancianos para la presencia de la Eucaristía, mientras que los ministros ordenados célibes al ser itinerantes se ocuparían de la animación y la formación de las comunidades”.

El cardenal Stella aseguró que la eventual ordenación de los viri probati en algunas zonas del mundo “no afectaría la figura del sacerdote célibe, tal y como se ha consolidado a lo largo de siglos de historia. Sobre el tema, el camino y la discusión acaban de comenzar”.

Clarín

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