Investigadores estudian un hongo presente en la zona de exclusión de Chernóbil que muestra la capacidad de desarrollarse en entornos con altos niveles de radiación y adaptarse a condiciones extremas.
El hallazgo de un hongo capaz de crecer en entornos altamente radiactivos continúa generando interés dentro de la comunidad científica internacional. Se trata de un organismo detectado en la zona de exclusión de Chernóbil que, según diversos estudios, no solo tolera niveles de radiación extremos, sino que además podría utilizarlos como fuente de energía para desarrollarse.
La investigación, impulsada por especialistas en radiobiología y microbiología, analiza el comportamiento de este hongo conocido comúnmente como “moho negro”. Su capacidad para prosperar en superficies contaminadas, incluidos los restos de la antigua central nuclear, abre un campo de estudio que contempla aplicaciones que van desde la protección contra la radiación hasta el desarrollo de nuevos materiales para misiones espaciales.
Los científicos observaron que estos organismos presentan un proceso denominado “radiosíntesis”, similar a la fotosíntesis, pero basado en la radiación ionizante. Esta particularidad no solo redefine los límites conocidos de la vida en la Tierra, sino que también plantea interrogantes sobre la posibilidad de organismos resistentes en otros entornos hostiles del universo.
Si bien los estudios continúan en etapa experimental, el fenómeno podría aportar herramientas valiosas para la investigación médica, la descontaminación ambiental y la exploración espacial. La comunidad científica coincide en que se trata de un descubrimiento que desafía las concepciones tradicionales sobre la resistencia biológica y la adaptación extrema.





