Instituto FASTA Inmaculada Concepción: el plan para rescatar un tesoro de barrio Catedral

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El pasado noviembre concluyó en la ciudad de San Francisco un ciclo de capacitación de relevancia histórica para la región: el curso sobre Conservación del Patrimonio Cultural, Histórico y Arquitectónico.

Esta iniciativa, dictada por los especialistas de la Agencia Córdoba Cultura, la magíster Felicitas Asbert y el arquitecto Gonzalo Pagani, se desarrolló con el objetivo de brindar herramientas concretas para la valoración y protección de los bienes locales.

Este enero, Radio Estación 102.5 difundirá detalladamente cada uno de los 18 trabajos realizados por los alumnos durante el ciclo.

Hoy destacamos el análisis realizado por Natalia Soledad Clemente sobre el Instituto FASTA Inmaculada Concepción, un bien que condensa más de un siglo de historia educativa y arquitectónica en el corazón del barrio Catedral.

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Fachada del instituto durante la época del 90

Orígenes y misión de la Orden de las Religiosas Misioneras de la Inmaculada Concepción

Para comprender la magnitud del valor patrimonial del Instituto FASTA, es imperativo remontarse a la génesis de su orden fundadora en Cataluña, España.

El 4 de agosto de 1850, bajo la guía de la Madre Alfonsa Cavin Millot, se estableció en Mataró una nueva familia religiosa dedicada a la enseñanza, la beneficencia y las misiones. Este mandato espiritual y social cruzó el Atlántico y encontró en San Francisco, Córdoba, un terreno fértil para su expansión.

El primer contacto formal de las religiosas con la ciudad ocurrió el 1 de junio de 1916, cuando llegaron para administrar el Hospital J. B. Iturraspe y su capilla.

La demanda de una educación católica para niñas en una ciudad que crecía al ritmo del ferrocarril y la agricultura llevó a que en 1917 cuatro madres misioneras —Concepción Caballol, Cándida Alegret, María Salomé Torres y María Isabel Serra— se instalaran con el propósito firme de fundar un colegio primario.

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Colocación de la piedra fundamental – 10 de agosto de 1919

El inicio de las clases tuvo lugar el 15 de marzo de ese año en una sede provisional ubicada en Avellaneda 423, propiedad que perteneciera al sacerdote Luis Jacinto Terzuolo. Con solo dos aulas de pequeñas dimensiones y una matrícula inicial de 46 alumnas entre externas y pupilas, se sembró la semilla de lo que hoy es un complejo polivalente de influencia regional.

La consolidación física de la institución fue posible gracias a la filantropía de Carlos y Enrique Iturraspe, descendientes del fundador de San Francisco.

El 16 de abril de 1918, mediante escritura pública, donaron la manzana 111 con una cláusula estricta: en el plazo de dos años debía existir allí un edificio escolar. Esta donación no solo aseguró el futuro del colegio, sino que definió el trazado urbano del Barrio Sarmiento, estableciendo un polo educativo y cultural en la zona norte de la ciudad. El predio quedó delimitado por Bulevar Sáenz Peña, Bulevar Irigoyen, Gerónimo del Barco y Echeverría, ocupando una manzana completa que se convertiría en un referente visual para los habitantes.

Del proyecto Broggi a la ejecución de Ugolini

El proceso de diseño del edificio actual refleja las tensiones económicas y estéticas de la época. Inicialmente, en 1919, el ingeniero César Broggi presentó planos para un colegio monumental cuyo costo ascendía a los $200.000, una cifra exorbitante para la congregación. Tras desechar este proyecto por ser poco realista, se recurrió al ingeniero municipal Luis Ugolini, quien propuso un diseño de líneas sencillas pero elegantes, basado en la construcción tradicional de ladrillo común que caracteriza la identidad arquitectónica de la región.

Los trabajos de construcción se iniciaron en 1920, no sin dificultades. La historia institucional recuerda que en 1921 el constructor a cargo se atrincheró en el lugarante la falta de pago provocada por la desaparición temporal del profesional responsable de la obra, situación que requirió la intervención policial.

Finalmente, el 8 de julio de 1923, el edificio fue inaugurado oficialmente con una ceremonia que incluyó discursos de autoridades provinciales y una destacada participación de la comunidad, marcando el inicio de su labor en la Avenida Sáenz Peña.

El edificio se define por una materialidad robusta y una organización funcional que permitió su adaptación a lo largo de un siglo. La fachada principal, orientada al norte, presenta un ritmo simétrico de aberturas de madera y vidrio que en la planta alta conservan su estado original. El uso del ladrillo común, unido con técnicas de construcción tradicionales, garantizó una durabilidad notable, aunque las intervenciones modernas dejaron huellas que requieren un análisis conservacionista profundo.

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La Capilla y los espacios deportivos

Un elemento central del conjunto arquitectónico es la Capilla Inmaculada Concepción. Su piedra fundamental fue colocada en 1945, actuando como padrinos miembros destacados de la sociedad de San Francisco como los Tampieri, Olguín y Zurbriggen.

La construcción, a cargo de Victorio Valentini, comenzó formalmente en 1952 y fue inaugurada el 10 de mayo de 1953 con la bendición del Arzobispo de Córdoba, Monseñor Dr. Fermín Lafitte. La capilla no solo cumple una función litúrgica para la institución, sino que es un hito de fe para los vecinos del barrio, integrándose estéticamente al lenguaje de ladrillo del resto del colegio.

En las décadas posteriores, el complejo continuó expandiéndose para satisfacer las demandas de una matrícula creciente y nuevas actividades pedagógicas. En 1967 se techaron y embaldosaron los patios interiores, transformándolos en espacios polivalentes. Sin embargo, uno de los mayores hitos infraestructurales fue la inauguración del Polideportivo cubierto en 1984. Esta obra de grandes dimensiones, con amplios sectores sanitarios, fue financiada íntegramente por el esfuerzo de los alumnos y la congregación, sin auxilio de subsidios estatales, lo que refuerza el valor social y comunitario que la institución tuvo históricamente en la ciudad.

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Del magisterio a la formación universitaria

La trayectoria del instituto está íntimamente ligada a la formación de profesionales en San Francisco y su zona de influencia. Lo que comenzó como un colegio de niñas fue diversificando su oferta educativa para adaptarse a los cambios en el mercado laboral y las políticas públicas.

  1. Nivel Primario (1917): Inicio de la labor educativa bajo el régimen de pupilaje y formación en artes.
  2. Nivel Pre-Primario (1944): Apertura del Jardín de Infantes para dar respuesta a la demanda de las familias jóvenes.
  3. Nivel Secundario (1945): Inició actividades como adscripto al Colegio Nacional San Martín, convirtiéndose luego en un referente de la formación docente.
  4. Ciclo de Magisterio (1950): Fundamental para la zona, graduó en 1951 a la primera promoción de Maestras Normales Nacionales.
  5. Nivel Terciario (1961): Nace con el profesorado de Castellano, Literatura y Latín, expandiéndose a ciencias exactas y naturales en años posteriores.
  6. Carreras Técnicas (1984-1991): Se incorporan carreras de rápida salida laboral como Enfermería, Hemoterapia y Técnicos Bancarios, atendiendo a las necesidades del sistema de salud y financiero local.

Un cambio de paradigma social ocurrió en 1987, cuando el nivel secundario se transformó en mixto con la incorporación de varones, proceso que se extendió paulatinamente a todos los niveles del establecimiento.

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El conflicto de 1998 y la transición a la era FASTA

La historia del instituto enfrentó un punto de inflexión crítico a finales de 1998. Debido a tensiones internas y un conflicto laboral que involucró al Obispado de San Francisco bajo la conducción de Baldomero Martini, se decretó el alejamiento de las religiosas de la congregación que habían liderado la institución por más de 80 años. Este hecho desencadenó una respuesta popular sin precedentes: marchas de silencio con velas y manifestaciones multitudinarias en la Plaza Cívica donde la comunidad expresó su rechazo a lo que consideraban una sanción injusta y desproporcionada.

A pesar del clamor social, la decisión se mantuvo firme y la congregación de las Misioneras de la Inmaculada Concepción dejó la ciudad. Fue entonces cuando, a mediados de 1999, la Fraternidad de Agrupaciones Santo Tomás de Aquino (FASTA), liderada por el R. P. Fray Aníbal E. Fosbery, asumió la conducción del instituto. Bajo esta nueva gestión, el establecimiento no solo mantuvo su prestigio, sino que se integró a la red universitaria de FASTA, modernizando su infraestructura con la creación de laboratorios digitales, auditorios y una oferta de carreras de grado y posgrado que incluyen Licenciaturas en Inglés, Educación y Psicopedagogía.

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Diagnóstico técnico y patologías de la edificación

El relevamiento técnico realizado por Clemente permitido identificar las principales amenazas físicas que enfrenta el edificio. Si bien el estado de conservación general es calificado como «bueno», factores ambientales y estructurales requieren intervenciones de prioridad alta.

La patología más evidente en la fachada principal, que da hacia el Bulevar Sáenz Peña, es la presencia de salitre en la parte inferior de los muros de ladrillo. Este fenómeno es provocado por la humedad capilar que asciende desde el terreno, arrastrando sales minerales que al cristalizarse degradan el revoque y el soporte cerámico. Asimismo, se detecto el desprendimiento de revoque en los marcos de las ventanas de la planta baja, una consecuencia directa de la falta de impermeabilización adecuada y el envejecimiento de los materiales.

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Una problemática singular detectada es la presencia de grietas verticales y horizontales, particularmente notorias en la fachada de la capilla y en sectores del primer piso. Según el análisis técnico, la causa principal podría estar vinculada a las vibraciones producidas por el Ferrocarril Belgrano, cuyas vías se encuentran a solo 300 metros del inmueble. El paso de formaciones de carga pesada genera ondas de choque terrestres que, a lo largo de décadas, afectaron la cohesión estructural del edificio de construcción tradicional.

La orientación norte de la fachada principal expone a las aberturas a una radiación solar intensa y prolongada. Mientras que las ventanas de la planta baja cuentan con persianas de aluminio que brindan protección, las del primer piso conservan sus marcos originales de madera expuestos. El estudio revela que estas maderas presentan signos de resecamiento, roturas y pudrición acumulativa debido a la falta de tratamientos de protección periódica contra los rayos UV y la lluvia.

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Propuesta de conservación preventiva y gestión de riesgos

El informe final de la capacitación no se limita al diagnóstico, sino que propone una hoja de ruta para la salvaguarda del bien. Entre las acciones inmediatas se destaca la necesidad de contratar especialistas para realizar un estudio estructural profundo sobre el impacto del ferrocarril y diseñar un sistema de drenaje que mitigue el avance del salitre.

En cuanto a la estética y la integridad histórica, se sugiere la reubicación de los sistemas de aire acondicionado, cableado de red y tuberías de gas que actualmente se encuentran instalados de forma precaria sobre la fachada original. La propuesta técnica aconseja que cualquier intervención futura se realice en conjunto con instituciones como el Colegio de Arquitectos o la Escuela de Bellas Artes, garantizando el respeto por las técnicas y materiales históricos.

Finalmente, el proyecto recalca que la conservación efectiva depende del vínculo con la comunidad. Se sugiere generar un plan de difusión que utilice las redes sociales para mostrar los procesos de restauración, fortaleciendo el valor social del instituto no solo como centro educativo, sino como un monumento que pertenece a la memoria colectiva de San Francisco.

Sinergia institucional: ESBA, Archivo Gráfico y Agencia Córdoba Cultura

El desarrollo de estos proyectos fue posible gracias a la colaboración de tres instituciones clave. La Escuela de Bellas Artes «Dr. Raúl Villafañe» (ESBA) actuó como la sede y el motor pedagógico del curso, reafirmando su compromiso con la formación de ciudadanos capaces de intervenir creativamente en su realidad. Por su parte, el Archivo Gráfico y Museo Histórico de la Ciudad de San Francisco aportó el acervo documental y la experiencia en investigación que permitieron sustentar históricamente cada propuesta.

La Agencia Córdoba Cultura, a través de sus especialistas, proporcionó el marco metodológico necesario para que los trabajos finales no fueran solo investigaciones teóricas, sino planes de acción viables. Esta articulación demuestra que la conservación del patrimonio es una responsabilidad compartida que requiere del saber técnico, el apoyo político y el interés de la comunidad.

Perspectivas futuras para la conservación del Instituto FASTA Inmaculada Concepción

El Instituto FASTA Inmaculada Concepción representa una pieza fundamental del rompecabezas histórico de la ciudad. Su permanencia a lo largo de más de cien años, adaptándose de un simple colegio de pupilas a un complejo universitario tecnificado, es testimonio de la resiliencia de las instituciones locales.

El desafío para el año 2026 será convertir estas propuestas académicas en políticas públicas efectivas.

La gestión de riesgos y la conservación preventiva analizadas en este ciclo de capacitación no son un gasto, sino una inversión en la memoria; una forma de asegurar que el legado del ingeniero Ugolini y de las madres misioneras continúe inspirando a las generaciones por venir.

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