La preservación de la memoria arquitectónica en la ciudad de San Francisco y la región alcanzó un nuevo nivel de compromiso técnico y social a través del Ciclo de Capacitación sobre Conservación del Patrimonio Cultural, Histórico y Arquitectónico.
Este trayecto formativo, dictado por especialistas de la Agencia Córdoba Cultura y articulado con instituciones clave como la Escuela de Bellas Artes “Dr. Raúl Villafañe” y el Archivo Gráfico y Museo Histórico local, sirvió como catalizador para el estudio profundo de diversos bienes culturales.
Este enero, Radio Estación 102.5 difundirá detalladamente cada uno de los 18 trabajos realizados por los alumnos durante el ciclo.
Hoy destacamos el reporte técnico sobre el Edificio de la Jefatura Policial realizado por Ivana Barrado, Marisa Fassetta, Cecilia Mancuso, Viviana Ruiz y Ana Vercesi.

El Edificio Sede Policial – Jefatura
Este inmueble, situado en la emblemática esquina de Avenida Del Libertador y calle Libertad, representa uno de los testimonios más potentes de la consolidación institucional de San Francisco a principios del siglo XX.
Su origen histórico se sitúa en 1914, año en el cual las dependencias políticas del departamento se trasladaron a la ciudad, marcando el inicio de una era de crecimiento administrativo y soberanía territorial para la localidad.
Desde el punto de vista de la historia de la seguridad pública en la provincia, este edificio fue el corazón de las operaciones en el este cordobés. A partir de 1970, el inmueble pasó a ser la sede formal de la Policía de la Provincia de Córdoba, albergando la Unidad Regional Este y posteriormente la Unidad Regional 6.
Posee un valor histórico-institucional innegable, ya que sus muros fueron testigos de la evolución del poder público y la administración de justicia en la región durante más de un siglo.

Entre 1914 y 1970, el edificio funcionó como sede de la Jefatura Política del Departamento San Justo. A partir de 1970 y hasta la actualidad, alberga la sede de la Policía de la Provincia de Córdoba, en carácter de Unidad Regional.
Desde su origen urbanístico, formó parte del núcleo cívico fundacional de la ciudad, junto a instituciones clave como el Correo, la Municipalidad y el ferrocarril. Esta relación no es casual, sino que responde a un diseño de ciudad propio de la generación del 80 y los años subsiguientes, donde las instituciones del Estado debían ubicarse en proximidad para facilitar la vida cívica y proyectar una imagen de orden y progreso.
Características arquitectónicas
El inmueble se encuadra dentro de la corriente neoclásica, un estilo que dominó la arquitectura institucional argentina durante las primeras décadas del siglo pasado. Esta elección estilística no fue meramente estética, sino que buscaba transmitir valores de sobriedad, estabilidad y monumentalidad, atributos esenciales para los edificios que representaban la autoridad del Estado.
La arquitectura neoclásica en este edificio se manifiesta a través de su simetría, el uso de proporciones áureas en la fachada y una ornamentación contenida pero elocuente.

Técnicamente, el edificio cuenta con una superficie cubierta de 1716 metros cuadrados, distribuidos en dos plantas que se organizan en torno a un patio central. Esta tipología de «casa patio» adaptada a la escala monumental es típica de las construcciones de la época, permitiendo una ventilación cruzada y una iluminación natural que hoy en día siguen siendo funcionales, a pesar de los cambios tecnológicos. La mampostería portante de gran espesor y el revoque símil piedra le confieren una solidez visual que lo destaca en su entorno inmediato.

El diseño incluye galerías perimetrales en el patio y balcones corridos que enfatizan la horizontalidad del edificio, equilibrada por la verticalidad de las aberturas y los remates de las cornisas. Este juego de proporciones es característico del neoclasicismo que llegó a San Francisco, posiblemente influenciado por las escuelas de arquitectura de ciudades mayores como Rosario o Córdoba capital, desde donde llegaban los proyectistas y maestros de obra de la época.

La patología del deterioro
A pesar de su magnificencia histórica, el diagnóstico actual del bien, realizado por el equipo de profesionales integrado por Ivana Barrado, Marisa Fassetta, Cecilia Mancuso, Viviana Ruiz y Ana Vercesi, es contundente: su estado de conservación es «Malo». Este deterioro no es producto de un evento súbito, sino de una falta de mantenimiento preventivo y de un uso institucional intensivoque no tuvo en cuenta la vulnerabilidad de la estructura centenaria.
Las causas de su degradación son múltiples y se pueden clasificar en factores antrópicos e intrínsecos.
La falta de inversión en reparaciones básicas permitió que problemas menores se transformen en patologías estructurales graves. La humedad, en sus diversas formas (capilaridad ascendente, filtraciones pluviales), es el enemigo principal del edificio, afectando no solo la estética sino la integridad de los materiales básicos.
Uno de los hallazgos más preocupantes del relevamiento es la corrosión de armaduras en elementos estructurales expuestos. La oxidación del hierro provoca un aumento de volumen que termina por fracturar el hormigón o el mortero que lo recubre, comprometiendo la estabilidad de cornisas, balcones y otros elementos ornamentales. Asimismo, la proliferación de microorganismos representa un riesgo latente para la salud de quienes trabajan diariamente en el edificio, lo que añade una dimensión de urgencia social a la necesidad de intervención.

Plan de acción y propuesta de intervención
El proyecto final de conservación no se limita al diagnóstico; propone un camino crítico de acciones ordenadas para salvar el edificio de la ruina definitiva. Este plan se divide en etapas que van desde la estabilización de emergencia hasta la recuperación de la autenticidad estética del bien.
La prioridad inmediata es garantizar la seguridad de los usuarios y transeúntes. Para ello, se propone un sistema de apuntalamiento no invasivo que detenga el avance de las fisuras y asegure los elementos con riesgo de desprendimiento. Paralelamente, es necesario realizar un saneamiento profundo de las armaduras corroídas mediante tratamientos químicos inhibidores de la oxidación y el posterior recubrimiento con morteros de reparación compatibles.
Para detener la degradación sistémica, se debe atacar la raíz del problema: el agua. El plan de acción contempla:
- Inyección de barreras químicas para detener la capilaridad ascendente desde el suelo.
- Saneamiento integral de cubiertas, canaletas y bajadas pluviales para evitar que el agua de lluvia penetre en la mampostería.
- Reparación de filtraciones en los patios internos y galerías.

Una vez estabilizado el edificio, el enfoque vira hacia su puesta en valor. Esto incluye la recuperación de los revoques originales y el tratamiento del símil piedra, evitando el uso de pinturas plásticas que sellan el muro y atrapan la humedad. También se contempla la restauración de las carpinterías históricas de madera, las cuales poseen un valor artesanal único y son fundamentales para mantener la envolvente original del edificio.
Un aspecto innovador del plan es la propuesta de realizar un estudio estratigráfico, el cual permitirá identificar los colores y acabados originales del edificio, permitiendo una reintegración cromática que sea fiel a su historia y no a criterios decorativos contemporáneos. Además, se recomienda la remoción selectiva de elementos discordantes (cables externos, equipos de aire acondicionado mal ubicados, cartelería invasiva) que hoy desdibujan la pureza de sus líneas neoclásicas.

Sinergia institucional: ESBA, Archivo Gráfico y Agencia Córdoba Cultura
El desarrollo de estos proyectos fue posible gracias a la colaboración de tres instituciones clave. La Escuela de Bellas Artes «Dr. Raúl Villafañe» (ESBA) actuó como la sede y el motor pedagógico del curso, reafirmando su compromiso con la formación de ciudadanos capaces de intervenir creativamente en su realidad. Por su parte, el Archivo Gráfico y Museo Histórico de la Ciudad de San Francisco aportó el acervo documental y la experiencia en investigación que permitieron sustentar históricamente cada propuesta.
La Agencia Córdoba Cultura, a través de sus especialistas, proporcionó el marco metodológico necesario para que los trabajos finales no fueran solo investigaciones teóricas, sino planes de acción viables. Esta articulación demuestra que la conservación del patrimonio es una responsabilidad compartida que requiere del saber técnico, el apoyo político y el interés de la comunidad.

Perspectivas futuras para la conservación del Edificio Jefatura
Al rescatar un edificio neoclásico de 1914, no solo estamos preservando ladrillos y molduras, sino que estamos manteniendo viva la historia de una institución que fue central para la seguridad de la provincia de Córdoba y reafirmando el carácter de San Francisco como una ciudad que valora sus raíces mientras mira hacia la modernidad.
La gestión preventiva, el monitoreo constante y la asignación responsable de recursos son las únicas garantías para que este y otros bienes culturales sigan contando la historia de las futuras generaciones del departamento San Justo.
El desafío para el año 2026 será convertir estas propuestas académicas en políticas públicas efectivas.
El desafío está planteado. Ahora la voluntad y el compromiso deberán converger para que el Edificio de la Jefatura vuelva a brillar como la joya arquitectónica que es, integrándose de manera vibrante en la vida urbana contemporánea de San Francisco.
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