Economía, tipo de cambio, humor social, cortitas y al pie

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Ricardo Giletta empresario y gerente general de una de las empresas más importantes de la región realizó un análisis de la situación económica actual.

El comportamiento social en Argentina es algo en que el gobierno nacional no puede de ninguna manera dejar de hacer foco, podemos reiterar lo que todos percibimos, la recesión se acelera y la caída del consumo resulta notable, la clase media ha modificado sus hábitos, dejó de ir a comer afuera, menos salidas, disminuye las compras en supermercados, usa menos el auto reduciendo el consumo de nafta y aletargando los períodos de mantenimiento, el débito automático solo se utiliza para servicios indispensables, mientras que en los sectores vulnerables el día a día se ha vuelto terrible, el incremento de gente pidiendo y en situación de calle realmente preocupa y mucho.

Hoy el temor de la profundización de la crisis se ha instalado en los empresarios, fundamentalmente las pymes de distintos rubros y sectores productoras de bienes y servicios para consumo interno masivo, donde las suspensiones y la desocupación están golpeando duro.

Todos los protagonistas que vivimos el contexto actual, incluido en muchos casos la clase política tenemos la misma pregunta: ¿La gente aguanta o no aguanta?

Para sorpresa de muchos, que asisten a un ajuste inédito, donde es justo reconocer se hacen proyecciones apocalípticas, pareciera que sí, la gente aguanta, por lo menos por ahora, nadie se atreve a proyectar cuanto tiempo de paciencia resta, esto es lo que genera sorpresa en la mayoría de la dirigencia tradicional, sobre todo los que trabajaron históricamente para el peronismo.

El latiguillo del momento sustentado por el oficialismo, pero fundamentalmente apoyado por más del 50% de la población es que: las cosas están mal, muy mal, pero van a estar mejor, mientras que para el gobierno cada día que pasa es un día ganado, en respuesta a los agoreros que pronosticaban que si Milei llevaba adelante el ajuste que prometía saldría despedido del sillón presidencial en marzo, recordar como prueba de ello el video que circulaba por WhatsApp de Enrique “Pepe” Albistur que grabó en enero en Cariló en la playa anunciando alegremente que el gobierno no llegaba a semana Santa, no obstante el gobierno debe reconocer que la casa no está en orden, pero se pueden celebrar las pascuas sin sangre, además que este fin de semana extra largo que se prolonga después de las Pascuas, otorgue la templanza y capacidad de negociación a los funcionarios del gobierno, obviamente incluido el Presidente, porque estaremos en presencia de la semana más corta del año que puede terminar siendo la más larga y la más importante para llegar a un acuerdo con los gobernadores rebeldes y no tanto, por un lado y la segunda oportunidad para demostrar que tiene la posibilidad o no de construir una mayoría parlamentaria que le permita poner la piedra fundamental para los cambios estructurales que el país necesita, la ley de bases espera un urgente tratamiento para consensuar su aprobación, es hora de tener actos de grandeza para entregarle o brindarle herramientas al gobierno para llevar adelante las reformas, de la instrumentación de las mismas podremos evaluar los resultados y emitir opiniones con fundamento y no juicios agoreros como los de aquellos que pretenden coartar la gobernabilidad.

La ansiedad comienza a instalarse en los gurúes económicos para conocer cuán lejos o cerca estarán con sus pronósticos de la inflación de marzo, mientras tanto desde esferas del gobierno existe un moderado optimismo que la inflación de marzo será más baja de lo esperado, los comentarios dan a conocer posibles guarismos más cercanos al 10% que al 13,2% de febrero, lo cual marca una continuidad de tendencia a pesar de ser marzo un mes crítico o traumático, por lo tanto, si las proyecciones que vienen del gobierno se cumplen, en abril los incrementos de precios podrían ser inferiores a los dos dígitos, por eso desde lo más cercano al presidente y ministro de economía se insiste en que a mitad de año o aún antes se liberaría el cepo, para lo cual según los cálculos hacen falta disponer de 15.000 millones de dólares, muchos mencionan un posible acuerdo con el F.M.I., otros insisten en que esta posibilidad se ha enfriado, porque las negociaciones llevarían como mínimo dos meses, demasiado tiempo para esta coyuntura, mientras que una tercera opción y probablemente la que más se apuesta desde el Ministerio de Economía es aguardar las liquidaciones del campo antes de tomar una decisión, todo es posible.

No obstante, esta disminución de los índices de inflación de ninguna manera son para festejar, Argentina continua como el país con mayor inflación en el mundo por arriba del Líbano y Venezuela, esto demuestra el arrastre crónico de este flagelo, y por ello la reducción de los índices de inflación se ha transformado en la verdadera obsesión de este gobierno, debiendo recordar que los tiempos para el despertar de la economía imperiosamente son necesarios que asomen en el segundo semestre y se consoliden en el último trimestre del año, si esto no ocurre, realmente se agotará la paciencia que no es infinita, por lo menos en la mayoría de la población.

Argentina, un país altamente sensibilizado por el dólar, pues desde hace décadas esta moneda se ha transformado en unidad de resguardo del ahorro de la población ante el sistemático y permanente deterioro del peso, producto de déficit fiscal permanente fomentado por un crecimiento descomunal del estado, sin eficiencia , con impunidad y una gran corrupción la cual en muchos casos esta quedando expuesta y en evidencia, nos transformamos en una “fabrica” de pobres, que se trató de disimular con el relato y con obscenos planes de incentivación del consumo basados en la emisión sin respaldo, la etapa final del macrismo nos dejo un 35,5% de pobres, y el gobierno de Alberto Fernandez creció en dos tramos con dos gestiones distintas en economía, con Guzmán llegó casi al 40% y con la gestión del ex candidato Sergio Massa trepó al 41,7%, pues entonces es prioritario, diría urgente equilibrar y luego comenzar a revertir esta situación de extrema pobreza, desde el gobierno existe la creencia que en poco tiempo la Argentina logrará equilibrar sus cuentas, la inflación alcanzará niveles muy bajos y por fin se encarará la etapa de recuperación, ahora bien ¿cuánto es ese poco tiempo?

Si no aparecen señales concretas en los próximos 90 días la situación social puede tornarse más difícil aún, inmanejable, hoy la calle está muy caliente, para colmo de males estamos próximo a la etapa del año que más pega duro en la pobreza y la indigencia, el invierno.

El primer gran lema del presidente Milei fue “no hay plata” instalado a partir del 10 de diciembre de 2023, hoy se puede afirmar hasta con cierto sarcasmo a poco de cumplir los 120 días de gestión, que el lema es “no hay pesos”, lo cual obviamente no significa lo mismo, ¿Por qué? Porque desde el día uno el gobierno implementa recortes sin solución de continuidad, pasando la aspiradora para quitar del mercado todos los pesos posibles, lo cual nos posiciona ante un nuevo desafío la “re-monetización” de la economía, con una clara pretensión u objetivo, que los argentinos comiencen a usar los dólares que están “guardados bajo el colchón”, y el que no tenga se ajuste, como buen economista el presidente Milei y su equipo económico, grupo de asesores cercanos, tiene muy claro que Argentina es el tercer país con mayor cantidad de dólares físicos per cápita, después de Estados Unidos y Rusia, y como dato estadístico importante, en enero y febrero de 2024, por primera vez en muchos años hubo más gente que vendió dólares de los que fueron a comprar, un dato no menor a esta altura, la cifra es cercana a los 400 millones, y el motivo de la desdolarización en ciernes de la gente, es para financiar sus cuentas, (impuestos, prepaga, educación, energía eléctrica, combustible, etc.), es decir muchas familias en la actualidad echan mano a los dólares ahorrados (colchón) para llegar a fin de mes o también para apostar a alguna inversión, no cabe duda que muchas empresas que en su momento le “quemaba la liquidez “ en pesos en épocas de inflación sin freno y con riesgo de hiper, se cubrieron comprando dólares que ahora deberán deshacerse para abonar salarios, cargas sociales, energía, combustibles, gas, etc., en un contexto de actividad declinante y extensión en los plazos de sus créditos con clientes.

Hoy podemos decir que la carrera entre el dólar y la devaluación ya está jugada, y que las tasas de interés continuaran la pendiente declinante comandadas desde el Banco Nación, no obstante en el corto y mediano plazo invertir en pesos a pesar de la caída de las tasas, será más atractivo que comprar dólares, los bonos y acciones juegan en otra liga donde en los últimos meses ya ganaron muchos partidos, nadie piensa en que se cortará la racha ganadora, pero los resultados a futuro no serán tan generosos como los obtenidos en los meses que preceden a abril.

Para aquellos que la liquidez empezó a flaquear, ( y no son pocos) endeudarse en dólares en corto y mediano plazo es más atractivo que hacerlo en pesos, sobre todo para los productores agrícolas, que tienen calzados sus precios en dólares, no hay que dejarse encandilar con las tasas que hoy aparecen, las tasas del 50% para arriba ya son caras ahora, y las del 50% son para tomar deuda máximo un año, porque como la inflación va a bajar mucho endeudarse a largo plazo a dichas tasas significa asumir un cargo financiero de interés muy difícil de amortizar más aun en una economía con un nivel recesivo importante, que nadie tiene claro cuánto y cuándo va a rebotar.

El panorama a nivel empresas, sobre todos las pymes no es el mejor ni mucho menos, la recesión agobia, castiga, debilita, en algunos casos inmoviliza, todas las cuentas duelen, de los impuestos ni hablar, luego le siguen la energía eléctrica, los gastos operativos, próximamente el gas, los combustibles, los fletes, los seguros, es decir todo, hasta los sueldos a pesar de la licuación que generó la devaluación con una histórica pérdida del poder adquisitivo de los salarios, y esto está muy vinculado a que los procesos inflacionarios disimulan muchas ineficiencias , por lo tanto el que no aprovechó en el buen sentido de la palabra el veranito o la ventana de liquidez que producía la inflación y el desprecio por los pesos, y no incorporó tecnología en equipamiento, energías alternativas, mejoró sus procesos y fundamentalmente adecuó sus estructuras operativas, las noticas no son buenas, pues por primera vez en muchos años van a quedar al desnudo la importancia que tienen la productividad, la eficiencia y la austeridad, pues no van a volver a encontrar el salvavidas que representaba la inflación, la devaluación permanente, las tasas negativas, los subsidios o lo que estuviera relacionado con enfermedades crónicas que nuestro país no puede resolver desde hace más de 60 años, por lo tanto el cierre de muchas empresas va a ser inevitable, y muy triste, doloroso, pero por otro lado aquellas que hicieron los deberes resultarán fortalecidas y afrontarán los nuevos desafíos con más fuerza y competitividad para el mercado interno y también externo, aunque esto muchas veces está sujeto a políticas cambiarias que tienden a atrasar el tipo de cambio, del cual no estamos exentos en el contexto actual. El Presidente Javier Milei fue claro y no dejó dudas al definir el futuro del dólar para el corto plazo, en medio de una gran expectativa de los operadores financieros sobre la continuidad o no del ritmo de suba del 2% mensual del dólar oficial.

En su exposición en el Foro Económico de las Américas aseveró: “Si el mercado no lo pone en otro lugar “¿por qué lo voy a modificar arbitrariamente?”, de esta manera contundente defendió el precio del dólar oficial y de devaluación del 2%, pilar fundamental en el cual se apoya el gobierno y el equipo económico en el intento de bajar rápidamente la inflación.

El cálculo que desde el gobierno hacen si se toma el tipo de cambio de referencia y se lo multiplica por 1,175 (impuesto país) el resultado arroja un guarismo de $ 1.060, con lo cual no solo no hay brecha, sino que es negativa, en otras palabras, si el dólar con impuesto país está a $ 1.060 y el dólar blue a $ 1.010/1.020 , el mercado estaría indicando que no es necesaria una devaluación, ahora bien esta no es una buena noticia para los exportadores, y tampoco para el campo, que tenía y tiene una expectativa de tipo de cambio mayor, más favorable, ambos sienten que han perdido competitividad, esto está sostenido que los beneficios de la devaluación de diciembre paulatinamente van desapareciendo, porque desde el 11 de diciembre a la fecha el tipo de cambio real perdió 35% de su valor.

La gran encrucijada del gobierno hoy, ¿Qué caminos tiene el gobierno para lograr una salida rápida de la recesión? Porque la sociedad no da más, pero que ello no implique un atraso cambiario y un sesgo negativo en el sector exportador”.

La respuesta debería apuntar a levantar lo más rápido posible las restricciones cambiarias, lograr la aprobación de la ley de bases para dar forma a reformas estructurales, y de esta manera robustecer los incentivos para atraer inversiones al sector transable de la economía.

De ocurrir esto, nos enfrentamos a una cuestión medular, los gobiernos en Argentina tienden a enamorarse de los atrasos cambiarios, porque es lo que les permite poner un ancla a la inflación, mejorar el poder adquisitivo de los salarios, e incrementar el consumo, es decir el atraso cambiario actúa como una zona de confort, pero la historia comprueba que esta posición debe ser temporaria y de no modificarla rápidamente se vuelve a la escasez de divisas , la falta de inversión, y de esa manera a un futuro incierto.

En el mientras tanto el gobierno sigue buscando U$S 15.000 millones al F.M.I., u otros organismos y fondos de inversión del exterior que le permitirían acelerar el levantamiento del cepo, barrera inevitable a derribar para retomar la posibilidad de un país previsible y creíble, y no descarta que en los Argentinos dadas las circunstancias “echen mano con mayor intensidad a los dólares del colchón”. Se verá. Lo que sobran son expectativas, lo que falta o se agota es el tiempos

01.04.2024

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