Andrés Fava, director de la firma, volvió a advertir sobre la situación del rubro autopartista, apuntando contra la «ciclotimia argentina» en materia política y económica.
La crítica situación que atraviesa la industria autopartista en Argentina vuelve a encender señales de alerta en San Francisco. El tema no es nuevo: desde hace al menos dos décadas, el sector arrastra problemas estructurales vinculados a la falta de competitividad y a una elevada presión impositiva. El resultado ha sido sostenido en el tiempo: cierre de empresas, traslado de plantas a otros países, principalmente Brasil, y una caída significativa del entramado productivo, con más de 50 compañías que dejaron de operar en los últimos 15 años.
En este contexto, la realidad impacta de lleno en la planta local de ZF Argentina, donde recientemente se registraron medidas como la no renovación de contratos y la apertura de un programa de retiros voluntarios. La empresa, dedicada a la producción de amortiguadores tanto para terminales automotrices como para el mercado de reposición, enfrenta un escenario complejo que se replica en buena parte del sector.
Andrés Fava, director de la firma, volvió a manifestar su preocupación a través de una nueva columna de opinión en el medio A Rodar Post. Allí advierte sobre el deterioro de las condiciones para la industria manufacturera y plantea que, sin cambios de fondo, el desenlace podría traducirse en más pérdida de empleo y desindustrialización.
«Algunos pondrán una verdulería en el garaje, otros se animarán a una despensa de barrio, algunos montarán un taller de reparación de motos, otros más diestros en la parrilla inaugurarán su ‘parri-pollo’, etc. Dicho de otra manera ‘puchereo para sobrevivir’”.
Entre los factores que explican la coyuntura aparecen la menor producción automotriz, la reducción del contenido nacional en nuevos modelos, el aumento de autopartes importadas, especialmente desde China, y la caída de exportaciones por falta de competitividad. A esto se suma un esquema impositivo que, según remarca el propio Fava, encarece los costos locales frente a otros países de la región.
En su análisis, el directivo retoma el concepto de la “ciclotimia” económica argentina, marcada por cambios bruscos de rumbo que dificultan la planificación a largo plazo. En ese vaivén entre modelos opuestos (mayor intervención estatal o apertura total de mercado), sostiene que la industria queda atrapada sin condiciones claras para competir.

Fava también pone el foco en lo que denomina “competitividad exógena”, es decir, los factores que no dependen de las empresas sino del entorno macroeconómico y regulatorio. En ese sentido, advierte que, aun cuando las firmas han avanzado en mejorar su eficiencia interna, persisten desventajas estructurales frente a otros países.
El planteo no se limita al diagnóstico. El directivo cuestiona la idea de que la apertura económica por sí sola generará un reemplazo automático de los empleos industriales por nuevas oportunidades en sectores emergentes. Por el contrario, advierte que actividades como la minería o la energía no tienen la misma capacidad de absorción de mano de obra, lo que podría derivar en mayores niveles de informalidad o precarización.

En ese marco, lanza una advertencia con tono local y concreto: sin medidas que acompañen a la industria, muchas empresas podrían desaparecer y, con ellas, puestos de trabajo calificados. El riesgo, grafica, es que el entramado productivo termine reemplazado por actividades de subsistencia.
Finalmente, Fava plantea la necesidad de un acuerdo amplio entre los distintos niveles del Estado para generar condiciones que permitan competir en igualdad de condiciones con el resto del mundo. “Nivelar la cancha”, resume, como punto de partida para que la industria, también en ciudades como San Francisco, pueda sostenerse y proyectarse a futuro.
ZF Argentina desvinculó a 43 trabajadores de su planta en San Francisco





